ÉPALE252-DICHO TONTO

POR GUSTAVO MÉRIDA •@GUSMERIDA1

Lo primero es entender el dicho. Cuando alguien dice que otra persona es “puro cambur y peo”, sospeche al instante. No lo dude.

Lo segundo que hay que hacer para no ser puro cambur y peo es comer cambur… durante todo el día. No se puede hablar de cambures y flatulencias sin saber de qué se está hablando; es precisamente lo que hace cada persona que dice de otra que es —aquella persona, claro, nunca él o ella misma— puro cambur y peo.

La excepción que tiene toda regla: cuando quien acusa ha estado intercambiando fluidos con el acusado.

Volviendo al asunto, comer cambur durante todo el día no hace que aumente la producción de gases intestinales y tampoco trae como resultado que disminuyan. Los peos siguen igualitos.

Lo que sí es cierto es que da un terrible dolor de cabeza, una modorra, una flojera de pensar, un desánimo. Dan ganas de no tener ganas de hacer nada. A duras penas se pela un cambur, que como todos sabemos, es un acto que no requiere de mucho esfuerzo intelectual o físico.

Mientras escribo, reviviendo todos esos síntomas, recuerdo los días, las noches, las madrugadas en las que me he sentido como si hubiese comido cambur todo el día.

Por cierto, en estos tiempos especulativos, ingerir dos kilos de cambur cuesta menos de 10.000 bolívares. Poco más de un dólar, si usamos un precio decente en medio de esta indecencia, en medio de esta guerra de ricos contra pobres.

Entonces le das vuelta al asunto y, un dicho que te parecía tonto, por zoquete, porque, sencillamente, cuando hacemos comentarios a la ligera, sin conocer bien la historia, sin saber los detalles (aquel es un corrupto por su reloj de marca, y resulta que tiene ese accesorio desde que se lo regaló su papá; o aquella es tal y cual porque mira como no hizo nada, y resulta que lo que hizo no se supo porque, fíjate tú, no supimos cómo decirlo) y sin tener los pelos en la mano, somos nosotros entonces puro cambur y peo.

Un tipo comía de la basura. A su lado, un hermoso perro blanco hacía lo mismo, pero más rápido. El tipo abrió un frasco vacío de mayonesa, lo olió y lo apartó. Tenía un trozo de pan en la mano. “¿Podemos dialogar?”. Y dialogamos.

No sabe que hay Casas de Alimentación.

Una Casa de Alimentación no es puro cambur y peo. Cumples ciertas reglas y, en lugar de hurgar en la basura “ando sin chamba, prefiero esto que robar”, vas y obtienes una sopa caliente que siempre, con hambre, cae bien.

Pero a esa gente hay que decirle que existen las Casas de Alimentación. Si usted, crítico o autocrítico, no come puro cambur, ayude a otro ser humano y dígale que no tiene sentido buscar comida en la basura si existen (con los pelos en la mano) Casas de Alimentación.

Si no lo hace, aunque no me haya acostado con usted, puedo afirmar que usted también es puro cambur y peo. Bienvenido al club. O bienvenida.

Lo último que hay que hacer es comer cambur todo el día… a menos que no haya más nada que comer.

El próximo Dicho tonto, si lo hubiere, es “Quítate tú pa’ ponerme yo”.

ÉPALE 252

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