POR MIGUEL POSANI  @MPOSANI / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

ImprimirEstamos sometidos a una política del miedo que tiene diversas aristas, pero una que la alimenta, constantemente, es la incertidumbre que se genera ante todas las situaciones cotidianas que enfrentamos.

Por ejemplo: cuando te dicen que hay dinero en los bancos y vas y no hay; luego te dicen que son los banco privados y vas a un banco del Estado y no hay efectivo tampoco.

O cuando no puedes prever qué comprar en la semana para alimentar a la familia, o cuando no consigues la medicina para la diabetes o la hipertensión en ninguna parte.

Situaciones como estas —repetidas, además, a lo largo de la semana— generan mucha incertidumbre, angustia, desesperanza y miedo.

Sin duda, pareciera que toda la realidad actual complotase para que nuestros niveles de incertidumbre se incrementen constantemente o, al menos, se mantengan muy altos.

La incertidumbre disminuye cuando tenemos información concreta que nos permite prever el futuro, generar estrategias, planificar, ahorrar; en otras palabras, aminorar lo más posible la imprevisibilidad respecto a eventos futuros y la cotidianidad.

Cuando estamos diariamente sometidos a varias variables negativas, entonces, nuestros niveles de incertidumbre se incrementan comenzando a mostrar cambios de humor; somatizaciones como alergias, dolores, pesadillas, inquietud, angustia hasta llegar, en algunos casos, a ataques de pánico.

Es más, toda nuestra realidad está actualmente invadida por situaciones que no solamente generan incertidumbre sino también miedo; por ejemplo: los altos niveles de inseguridad en la calle.

Ahora, no podemos cambiar la realidad actual pero si podemos hacer que nos afecte lo menos posible, al menos a nivel emocional.

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