Qué ladilla con la inteligencia emocional

No sé ustedes, pero en verdad me tiene ladillado el deber de estar, de manera obligatoria, en positivo, chévere, sin perder la esperanza. Antes era la religión, ahora es la autoayuda que trata de normativizarnos, de amoblar nuestro imaginario y necesidades.
Y, justo entonces, aparece la bendita inteligencia emocional, que es uno más de los constructos que, al igual que la moda, hacen época. Pero, poco a poco, van siendo sustituidos por un nuevo constructo lingüístico en nuestra vida consumista, en donde todo se consume, hasta las teorías psicológicas.
Ahora todo se resuelve con la inteligencia emocional para niños, para perros, para el chef, para ti que estás jodido y vives las consecuencias de una sociedad injusta, pero no te das cuenta.
En esta época de incertidumbre siempre es necesario un decálogo (a la manera de los diez mandamientos) que te de un horizonte de certidumbres. Así, me encuentro con los buenos “hábitos de las personas con inteligencia emocional” que, como un decálogo nazi, te dicen hacia dónde debes aspirar y cómo debes alcanzar el éxito, cultivando todas esas bondades dentro de ti, que van haciéndote más vendible por tus buenas capacidades. Es tan profundo el condicionamiento que te sentirás en culpa si no cumples con los siguientes mandamientos. Los mismos dicen, más o menos, lo siguiente: enfocarte en lo positivo; aprender de tus errores; ser capaz de poner límites; resolver tus problemas sin ira; aprender constantemente; enfocarte en la solución y no en el problema; rodearte de personas cálidas; buscar tu felicidad constantemente; pensar y mirar hacia adelante; tener control sobre tus emociones.
A esto se pueden agregar las ritualidades que tú quieras: agradecer las cosas a los demás, hablar con el niño interior, colgar deseos de un árbol o decirse por la mañana qué valioso y capaz es uno, etcétera.
Creo que el sentido manipulador de todo este fenómeno es hacerte desarrollar una serie de capacidades funcionales al sistema en que vivimos.
En este sentido, se te plantea desarrollar la capacidad de motivarte, perseverar, soportar las frustraciones y controlar los impulsos; diferir las gratificaciones, tener empatía, confiar en los demás y la capacidad de trabajar en equipo, etcétera. Así, armado de tan buenas capacidades, te enfrentarás al mercado de trabajo.
La inteligencia emocional se ha vuelto un discurso dominante en el imaginario de cada persona.
Como si fueran pocas todas las imposiciones externas a nuestro pensamiento y opiniones, ahora tenemos otra imposición: tener una correcta inteligencia emocional.
Creo que se hace necesario recuperar mis capacidades humanas, tales como permitirme errar, cansarme, deprimirme, arrecharme; porque lo importante es no aferrarme a esas emociones, prolongarlas, recordarlas, sino más bien desarrollar la capacidad de no engancharme a ellas. Soy imperfecto y, en este torbellino que es la vida, en donde apenas atisbo hacia dónde va la corriente, sólo me queda solidarizarme con mi condición de ser humano que busca algún sentido mítico que me permita mantener la esperanza en algo.