ÉPALE256-DICHO TONTO

POR GUSTAVO MÉRIDA • @GUSMERIDA1 / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

Suponga usted que anda en la calle escuchando al pueblo.

¿Qué tanto puede escuchar? O, una pregunta mejor sería, sin duda, ¿en cuál calle andaba usted? Más allá de su disposición o de su capacidad de interpretar ese murmullo constante, deténgase a pensar, solo por un momento (hágase a un lado: así no quedará como mojón atravesado), en que caminamos sobre el filo de la corrupción.

No podemos hablar del tema como si fuésemos santas, o Santos. De uno u otro modo es estúpido, porque no somos ni unas ni el otro. Un dicho tonto es, también, amenazar (o advertir) a un venezolano promedio con que algo va a pasarle si se come la luz. Nadie le para bolas a la luz roja de los semáforos; ni siquiera un peatón cuando la luz roja le advierte (o le amenaza) que algo pudiera ocurrirle si la ignora.

Ignoramos los semáforos tanto que sentimos alivio cuando están intermitentes. En ocasiones, haciendo uso de un sentido común que desaparece cuando nos fijamos en el precio del dólar para perder el tiempo con lamentos inútiles, la intermitencia de aquellos hace que el tránsito fluya mejor. Fluye tan bien que a veces me ha provocado dar la vuelta en U donde no se debe solo para pasar de nuevo por ese momento feliz de la ciudad, que los tiene.

Como espacios recuperados, que los hay. ¿O no? Es injusto no reconocerlo; es injusto no comunicar bien por el apuro de una campaña, es injusto no decir nada (¿por qué un comunero no?) cuando todos estamos en el mismo peo y, finalmente, porque alguien aspira, porque respira (Diosdado dixit), y eso es lo que motiva el dicho tonto (“Quítate tú pa ponerme yo”), es injusto que a última hora empiece a aparecer tanta gente que quiere bailar merengue dominicano.

La próxima vez, que el diálogo sea en Margarita; que se vayan todos en ferri (todos, incluyendo a la minoría —fueron más de 20 opositores— que representa al gobierno del presidente Nicolás Maduro) y, que en la carretera (porque claro que se irían en autobús. En uno solo caben todos), los paren en cada alcabala, como es lo usual. Lo seguro (esto es para todos los que se quejan de que los detengan en cada alcabala) es que ese autobús jamás será atracado. No es fácil: si le das seguridad, se quejan. Si los atracan, se quejan, por supuesto. Si se comunican entre alcabalas, de modo de aliviarle la carga a la gente y darle seguridad al mismo tiempo, se quejan los funcionarios, que tienen que estar bajo esa pepa de sol inclemente de carretera, recoger las cédulas de identidad, usar la tecnología y dictarlas, en la sombra que deja el autobús, una por una.

Desde la frente de alguno de esos funcionarios, lidiando con una pesada maleta, he visto caer las gotas de sudor, gruesas y cansadas, lentas y exasperantes de tanto intento balurdo de rebusque de tanto ciudadano “decente”, tan parecido a los de Pdvsa, o a Hebert García Plaza, o a usted, o a mí.

El próximo Dicho tonto, si lo hubiere, será “¿Por qué Samán no se lanzó a la alcaldía de Chacao?”. Si se va en Metro desde Parque Central, solo gastaría 4 bolos (no 4.000, sino 4 bolívares) en pasaje. Y tal vez hubiese ganado.

ÉPALE 256

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