ÉPALE249-RAFAEL DE NOGALES MÉNDEZ

GUERRERO Y AVENTURERO DE MARCA ÉPICA, ESTE TACHIRENSE ES PROBABLEMENTE EL INTERNACIONALISTA MÁS UNIVERSAL NACIDO EN TIERRA VENEZOLANA, INCLUIDOS BOLÍVAR Y MIRANDA. ES, PROBABLEMENTE TAMBIÉN, EL MÁS IGNORADO DE NUESTROS COMPATRIOTAS INSIGNES

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Uno puede llenar todas las páginas de esta revista solo enumerando las cosas notables que hizo a lo largo de su vida. Al final de esa enumeración uno puede concluir con un solo comentario: “Entonces, no se entiende por qué caramba Rafael de Nogales Méndez no es conocido por todos los venezolanos, y la mayoría ni tan siquiera lo ha oído mencionar”. Va entonces, en primer lugar, una enumeración de sus acciones más conocidas, matizadas con algunas otras más rebuscadas.

Rafael de Nogales Méndez peleó en la guerra de España contra Estados Unidos por el territorio cubano. Después se tomó un receso para participar en la Revolución Libertadora, aquí en Venezuela, y luego se fue a las grandes ligas de los conflictos armados: peleó en la Guerra Ruso-Japonesa donde trabajó, además, como espía. En la Revolución Mexicana también se le vio combatir, pero no por allá lejos, en algún pantano, sino al lado de Zapata, Pancho Villa y Madero. En 1913 oye hablar de un carismático líder venezolano a quien llaman El “Mocho” Hernández, y con él se junta para invadir a Venezuela y alzarse contra Gómez. La rebelión fracasa y el guerrero sigue su camino. Pelea en Afganistán, en África, en el norte de Persia contra los rusos, contra los chinos en Japón.

ES ASÍ COMO LO VEMOS HACIENDO UNA PEQUEÑA FORTUNA BUSCANDO ORO EN ALASKA, PARTICIPANDO EN LA PESCA DE BALLENAS, INTENTANDO SER VAQUERO EN NEVADA Y LLENÁNDOSE LA BOCOTA EN SUS MEMORIAS DICIENDO QUE ESAS COSAS LAS HIZO PORQUE NECESITABA RECUPERARSE DE SU CAMPAÑA POR CHINA

El hombre estaba estirando un poco los huesos en su casa, asomado, a ver qué otra coñacera estallaba en el planeta, y la ocasión se presentó: en 1914 se fue a París para ponerse a la orden de los aliados para participar en la Primera Guerra Mundial, pero los franceses le pusieron condiciones que no podía aceptar: renunciar a la nacionalidad venezolana, combatir sin rango de oficial y, además, gratis. Fastidiado por el maltrato estableció comunicación con el bando contrario y, al rato, estaba alistado en el Ejército turco, apoyado por los alemanes. Su participación en esta conflagración está llena de registros insólitos; comentaremos algunos más adelante.

En la cumbre o —tal vez el ocaso— de su carrera militar decide meter las narices en otro mollejón de conflicto: combatió en Nicaragua al lado de Augusto César Sandino. Esta guerra, ese personaje y su circunstancia, le parecieron tan fascinantes que luego escribió el libro El saqueo de Nicaragua. ¡Ah!, porque De Nogales Méndez resultó ser, además, tremendo cronista y escritor. Entre una cosa y otra se unió en California —allá mismito, en el corazón del imperio— a la gesta insólita de otro olvidado: el anarcocomunista Ricardo Flores Magón. Terminada su misión al lado de este sorprendente personaje viene a Venezuela a pasarse unas vacaciones, es decir, a aceptar el cargo de gobernador de Apure, a alzarse en armas desde el llano contra Gómez y a huir al exilio otra vez, puesto que no logró derrocar al bisonte.

Cuando no estaba haciendo la guerra le daba por descansar. Es así como lo vemos haciendo una pequeña fortuna buscando oro en Alaska, participando en la pesca de ballenas, intentando ser vaquero en Nevada y llenándose la bocota en sus memorias (Memorias de un soldado de fortuna) diciendo que esas cosas las hizo porque necesitaba recuperarse de su campaña por China. Es que el hombre hablaba español, inglés, francés, alemán, árabe y chino, así que problemas de comunicación no tenía; un día decidió practicar un poco y escribió el prólogo de la primera edición en inglés de Doña Bárbara. En Memorias de un soldado de fortuna revela que se adelantó, en casi un siglo, a su paisano Dorángel Vargas en las prácticas caníbales. Uno cree que ha pasado hambre porque no consigue harina de maíz y el azúcar ya pasó de 20.000 bolívares, pero hambre, lo que se llama hambre, se pasa es en la guerra mi hermano.

CONTRA OCCIDENTE

El momento estelar de su carrera fue su participación en la Primera Guerra Mundial. Sobre su actuación allí escribiría más tarde: “La guerra venía a ofrecer a mi espíritu militar su primera y más hermosa oportunidad. Cuando ya no hubo manera de detener el conflicto universal, partí inmediatamente con el objeto de unirme a las naciones latinas de Europa, a pelear por mi raza y por la civilización dentro de la amplia y profunda hermandad…”. Pero las circunstancias lo llevaron a combatir para el Imperio Otomano (un cristiano combatiendo para el Islam), y lo hizo con tal maestría y furor que recibió la más alta condecoración del Ejército alemán, la Cruz de Hierro; y los turcos le concedieron el rango de general. En Palestina derrotó a los ingleses y fue gobernador militar del Sinaí en Egipto. Al final de ese conflicto, y después de haber sido testigo y participante de matanzas y excesos, los turcos lo miraban con recelo pues era el único occidental que podía testificar en su contra por el genocidio armenio; y del otro lado los aliados europeos (vencedores en la guerra) seguramente lo estaban esperando para cobrarle las humillaciones. Increíblemente, los ingleses sí lo estaban esperando, pero para homenajearlo y manifestarle su admiración. Le dieron un salvoconducto para que pudiera salir de Constantinopla. Todas estas correrías las describe en otra de sus obras: Cuatro años bajo la Media Luna.

Allá, en el Medio Oriente, combatió contra una leyenda de película llamada Lawrence de Arabia; de este otro guerrero y aventurero se hizo amigo años después, durante algún encuentro en Londres.

Al final de sus días (1937) logra, por fin, entrar por las buenas a Venezuela. Gómez ha muerto hace año y medio, López Contreras le ofrece el cargo de administrador en la aduana de Las Piedras. El cargo no podía parecerle, en lo absoluto, emocionante por razones obvias, así que es enviado a Panamá en una misión también menor. Enferma el 7 de julio, es operado el día 10 y muere sin poder recuperarse. El informe de su fallecimiento indica que padecía de una enfermedad rarísima llamada parálisis bulbar; justo era que no muriera de una dolencia común y corriente.

El relato del regreso de sus restos a Venezuela, y de la forma en que el gobierno “olvidó” ir a buscarlo, aparece en una edición del periódico El Heraldo, y es más triste que increíble: su cadáver lo trajo un barco en un container el 24 de julio de 1937, container  que quedó abandonado varios días hasta que las autoridades del puerto se quejaron de que nadie iba a recoger aquel cuerpo descompuesto. Aparecieron, entonces, los periodistas de El Heraldo y los recibió algún jefe en el lugar: “¿Ustedes buscan a un señor De Nogales? Creo que es aquel bulto de aquel rincón”. Ese bulto, que debería reposar en el Panteón Nacional, fue enterrado sin honores en ceremonia familiar en el Cementerio General del Sur.

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Rafael de Nogales Méndez nació hace 138 años (14 de octubre de 1879) en Seboruco, estado Táchira. Vivió su niñez en una casa ubicada donde hoy queda el edificio Santa Cecilia, en la carrera 3 de San Cristóbal. En 1950, el hombre fuerte de Venezuela se llamaba Marcos Pérez Jiménez. Supusieron los familiares de De Nogales Méndez que si el hombre más poderoso del país era militar y, además, nativo del Táchira, la memoria de Rafael de Nogales iba a ser honrada o tomada un poco más en cuenta.

La casa de su infancia fue demolida ese mismo año. Actualmente queda allí la plaza Rafael Urdaneta (de paso, un homenaje a un maracucho).

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