POR FREDDY FERNÁNDEZ • @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE 237 FILO Y BORDE

En nuestros cerebros incrustaron filtros imprecisos, precarios en su empeño de simplificar lo que es mejor mantener como complejo. Funciona como mecanismo podador de matices. Todo lo reduce a blanco y negro, a bueno y malo. Supongo que a usted no le pasa. Quizá siempre entendió que hubo venezolanos que no querían la Independencia. Quizá usted tiene muy claro que connacionales se enfrentaron al Ejército de Bolívar. En mis clases de Historia aprendí que la “guerra de Independencia” fue librada por Venezuela contra España y que perdimos dos repúblicas.

Por suerte, me topé con dos libros de Carlos Irazábal: Venezuela esclava y feudal y Hacia la democracia. Me permitieron mirar desde una óptica más compleja nuestro relato fundamental. Comprendí que la guerra contra el Imperio español fue también, y quizás más, una revolución independentista, mayoritariamente peleada entre venezolanos, en la que el componente peninsular del Ejército realista no llegó ni a 30% de sus efectivos. Es decir, los patriotas tuvieron que derrotar a venezolanos realistas que defendían las regalías y derechos de Fernando VII.

No vaya a creer que tal apoyo era por afecto. Sospeche que había allí intereses económicos, venezolanos que tenían sus ingresos asegurados en los vínculos de explotación con el Imperio español y comprenderá cómo ocurre tan vil traición a la patria. Aquí quizá surja una duda importante: la tropa de los ejércitos del mundo, más aún en períodos de guerra, está compuesta fundamentalmente por los pobres y, en efecto, era así en el Ejército realista. Entre los patriotas la situación era similar. Los pobres, pueblos originarios y afrodescendientes eran mayoría en la tropa. En lo político, entonces, la batalla pasaba por comprender y promover las reivindicaciones populares más sentidas.

La pérdida de la primera y segunda repúblicas se entiende por la carencia de profundidad popular del Ejército Libertador, lo que permitió que surgieran fuerzas militares realistas devastadoras como la de Boves. Los realistas generaron promesas populares que, independientemente de que no tuvieran disposición de cumplir, resultaban atractivas. No prometieron acabar con las colas, pero sí con el hambre que el propio imperio que defendían había creado.

Se puede explicar desde esa visión del movimiento dialéctico que propone la imagen de un desarrollo en espiral, o con esa idea de la realidad que juega con anacronismos y leves variaciones; pero lo cierto es que hoy, en un nuevo momento independentista, otra vez somos testigos de connacionales que militan en el ejército del sometimiento y la entrega. Nuevamente vemos a los realistas disfrazados de populares y otra vez se nos impone la comprensión profunda de lo popular y de nuestro papel como pueblo para asegurar nuestra independencia.

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