TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO @MAGODEMONTREUIL

ÉPALE257-TRAS EL DISCURSOPor supuesto, no es ningún secreto que para estas fechas, y teniendo como pretexto el nacimiento del hijo de Dios —en el hemisferio occidental, claro está—, el sistema capitalista, como es su usanza, hace de una época en la que supuestamente deberíamos encontrarnos —entre nosotros y a nosotros mismos— una vulgar mercancía. Esta obviedad nos lleva a una más evidente aún: la industria del cine no escapa a esta rebatiña, con el añadido del poder de enajenación cultural que tiene inherente el modo de representación institucional (léase cine hollywoodense…… y el británico también). Así, el filme inglés Realmente amor (Love Actually, Reino Unido, 2003), del realizador neozelandés Richard Curtis, y del cual también es guionista, aborda la temática navideña a modo de comedia romántica. Es justo mencionar que se aleja un poco —no mucho— de los convencionales filmes navideños, donde la asunción de los lazos de hermandad, la paz y el amor al prójimo siempre lucen forzados gracias a un planteamiento más almibarado que reflexivo, más telenovelero que trágico-dramático.

Su estructura coral, así como un corpus histriónico de altísima factura, sumado a una característica propia de la comedia inglesa: una fina ironía que se deriva de un guión bien sustentado con ocurrentes diálogos, hacen de la cinta una película amena, entretenida, que verla no significaría un desperdicio de tiempo y dinero. Claro que la comedia pudiera tener, al menos, dos objetivos. Uno: vía lo sardónico y la ironía se pudiera hacer una crítica mordaz sobre un acontecimiento político, por ejemplo. U otro: la trivialización de un hecho de cierta gravedad… política, por ejemplo. Concretamente, y en lo político, el filme posee un desacierto que luego trata de enmendar, mediante el humor, claro está. Durante los créditos iniciales aparecen una serie de emotivas escenas en un aeropuerto donde familiares se abrazan con sincero afecto, al tiempo que la voz en off hace una alusión a los sucesos de las Torres Gemelas de Nueva York: clásica victimización del mundo occidental, y utilizando para ello un acontecimiento que arroja un mar de dudas sobre los auténticos responsables. Aquí cabe la sabia expresión: “Entre bomberos —imperios— no se pisan la manguera”.

ÉPALE 257

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