POR MARIELIS FUENTES • @FUENTESMARIELIS@GMAIL.COM / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE282-SOBERANÍASLa sociedad capitalista norteamericana de 1969 había recluido en la nocturnidad de discotecas gay a personas disidentes sexuales. Stonewall Inn, en Nueva York, era único refugio para la transgresión de las normas e imposiciones castrantes de la sexualidad, al margen de derechos, fuera de la ciudadanía. La policía aprovechaba el estado de exclusión para desplegar acciones de odio: redadas, violaciones y crímenes eran el pan de cada día. Una noche las sombras dieron paso a la luz. Maricas, camioneras, transexuales femeninos y masculinos, travestis alzaron sus voces exigiendo no más abuso policial, iniciando una revuelta por más de cinco días, disturbios a los que se unieron otros sectores marginados como el movimiento afro, el feminista y clase obrera. Nace la gran era de la liberación homosexual.

Hoy 25 países aprueban el matrimonio o unión igualitaria. En Latinoamérica Argentina, Bolivia y Ecuador reconocen la identidad de género de personas transexuales, Colombia reconoce la adopción entre parejas del mismo sexo; Chile penaliza los crímenes de odio, específicamente contra disidentes sexuales. Venezuela, por su parte, ha logrado algunos pasos con la Revolución Bolivariana. Su apertura cultural y política dio pie a la derogación de la Ley de Vagos y Maleantes, normativa pretexto que perseguía a personas de la diversidad sexual y de género. La nueva Constitución de introdujo el derecho al libre ejercicio de la personalidad y la no discriminación por razones de sexo, ratificados por la Ley del Poder Popular en su artículo 4, la Ley de Arrendamiento e Inquilinato, la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras, La Ley del Plan de la Patria y la actual Ley Contra el Odio. El Tribunal Supremo de Justicia reconoció a una familia lesboparental y hace poco se crea la oficina para la Atención de la Sexodiversidad en la capital del país, bajo la gestión de Erika Farías.

Parte de un incipiente camino. Sin embargo, la situación general de la comunidad de lesbianas, homosexuales, bisexuales, intersexuales y transexuales en el país no es aún alentadora. La discriminación, violencia familiar, niveles de exclusión y condiciones de pobreza es grande, amerita de voluntad política seria para solventarla. No puede el Estado venezolano darse el lujo de pensar que es un asunto de “desviaciones burguesas”, ¿cómo puede serlo la dignidad? Tampoco que prevalezca el pensamiento religioso por encima de los derechos humanos. En una verdadera revolución la sexualidad y el cuerpo deben revolucionarse, de lo contrario el fracaso es destino. Si existe ciudadanía de primera y de segunda, no habrá verdadera liberación de los pueblos. A 49 años de Stonewall maricas, afeminados y cachaperas exigimos radicalidad, políticas públicas y respeto, en rebelión. ¡Vamos, Nico!

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