Receta para el equilibrio

Por Gustavo Mérida / Ilustración Daniel Pérez

Receta para hacer equilibrio y, después, un té que ayuda a conseguirlo.

Mire a un punto fijo. Antes, busque estos ingredientes: ½ kilo de tamarindo, una semilla de aguacate, o dos, si consigue una olla grande de 12 litros; tanto jengibre como picor en la garganta quiera (tampoco pica tanto: ser un ser equilibrado pasa, necesariamente, por aprender cuándo es ese momento sutil en el cual no hay que quedarse callado), papelón (revise que no se le quede pegado, al papelón, un pedacito del plástico en el que es envuelto), un mango grande, virgen (que sus labios no hagan contacto con la semilla) y, otra vez, la concha de una piña, otra vez, seleccionada por usted y cuya corona sea tan gruesa como el cuerpo de la misma; si la corona es más grande que la piña, mejor. La corona se debe arrancar de cuajo.

Coloque todo, con cuidado, usando las dos manos, si las tiene; use sin parsimonias las pausas, desande las prisas, no se queje de tanta coma; encienda el fuego, bajo, lento. Tape. Antes, ya debe haberse comido el mango. Apenas empiece el hervor, meta la semilla. Tape de nuevo.

Levante un poco un pie, cualquiera, si es de las personas que posee los dos. Si es usted zurdo o se dice de izquierda, o no, dele toda la irrelevancia que ese asunto merece. Estése lo menos aspaventoso que pueda. Siga mirando el punto fijo; si logra estar de pie en ese pie, sin apoyar el otro, digamos que media hora y luego cambia, ya falta poquito para que esté listo el té que ayuda a conseguirlo.

No basta con solo tomar el té. Pele un poco del jengibre que quitó porque le pareció demasiado, haga un sanduchito con dos rodajas de piña y comparta: no sea como una cucaracha que se encuentra, por casualidad, con unas cotufas.

Haga cotufas. Trate de que no le quede ni un grano sin explotar y que no se le queme ninguna. No valen, por supuesto, las que explotan dentro de un microondas.

Cuele el té. Comparta. No deje nada sucio en esa cocina.

ÉPALE 370