Receta para hacer té luego de donar sangre

Por Gustavo Mérida / Ilustración Daniel Pérez

Me excuso de antemano: esta receta es sólo para aquéllos o aquéllas que donaron sangre en este último mes; faltan cinco nada más para el año 2021.

Pero el grupo se reduce más aún; si no le salió un morado, cerquita de donde le pincharon, entonces esta receta tampoco es para usted.

Estoy hablando claramente de esta receta que, por supuesto, no puede estar en esta columna porque el morado, si ocurriese, aparece luego de cuatro o cinco días, lo que me obliga a esperar hasta la próxima columna, no vaya a ser que usted, por ejemplo, haya donado su sangre para un excompañero de trabajo el último día de registro y actualización del CNE, que fue el miércoles 29 de julio de 2020, a las 7:05 de la noche, y detrás de usted sólo quedaban cinco personas. Eso pudo pasar.

Así que, mientras esperamos, vemos. Y miramos. Y tenemos paciencia y volvemos a mirar, y esperamos… y nadie dice nada. Nadie.

Parece un deyavú (déjelo escrito así, señor corrector). Tengo una relación de amor y desamor con las personas que ejercen el oficio de corregirles, entre comillas, los textos a los demás. Dígame con eso de hacerlo con las gestiones de los demás, las actitudes de los demás, las incoherencias de los demás. Y todo eso sucede mientras me como la luz en la bicicleta; alguien tiene que decirle al Presidente que no tiene sentido seguir advirtiendo a quienes les advierte que no se coman la luz, sencillamente porque aquí todo el mundo se come la luz, empezando por los ministros.

Hablo de la luz de los semáforos, por supuesto.

Esto debe beberse por sorbitos; por allí está esa receta. No ésta ni la otra. Y seguimos mirando, y miramos a los vendedores de baratijas chinas adueñarse de las aceras que van más allá de Gradillas a San Jacinto, por nombrar algunas de las esquinas de esta Caracas que, se supone, da un ejemplo que hay que seguid. Deje eso así.

Cambiarle el nombre a la principal autopista de Caracas es poco si no se le entrega la mitad (sí, la mitad de la autopista) a la tracción sangre, poco más, poco menos. La sangre que fluye dentro del cuerpo, que sale sólo si se dona. Así debería ser.

Cinco horas es el tiempo que se tarda uno en donarla. Son tan amables, allá, en el Banco Municipal de Sangre, muy cerca del Hospital Vargas, que sin duda la institución y su gente se merecen un poco más de cariño de quien corresponda.

Es una lástima que al pensar en el desayuno de los donantes, cuando se piensa, no se piense con más cariño…aquel cariño que no éste ni el otro. Mirándome el morado encontré la receta. Ésta saldrá en el próximo número.

ÉPALE 383