Receta para hacer un té de hojas de mata de mango

Por Gustavo Mérida / Ilustración Daniel Pérez

5:30 de la madrugada del 5 de Julio que acaba de pasar. Cada dos cuadras, en la avenida Panteón, en promedio, un par de policías, vestidos de manera impecable, generaban esas sensaciones que tenemos cuando vemos a los uniformados, y que son tan distintas como las razas y los credos; como las etnias y los géneros y todo lo demás que me falta por nombrar y que tenemos en esta República Bolivariana. Como era de suponerse, tanto policía junto tenía motivos: la fecha y el paso de un ministro; supimos, por instinto, por la hora, y porque uno de los uniformados, amable, nos dijo: “Esperen un momento que va a pasar el ministro”, que era Reverol —a quien el presidente Maduro felicitó públicamente tres días después— quien se dirigía al Panteón Nacional.

5:30 de la tarde del mismo día. Cómo explicar que  la unión cívico-militar va más allá de la Milicia. Cómo contar el irrespeto del civil por el soldado: “Es que el mongólico ese”, frase de un joven de 21 años en el contexto de las restricciones propias de una cuarentena. Cómo contar el “castigo” que el joven soldado de 23 años —“voy a darle una pela”— quería imponerle a su compatriota. Caerle a coñazos, pues. Consuma este té, que sirve para, entre otras utilidades, coadyuvar a la buena circulación de la sangre dentro del cuerpo. Coja un racimo de una mata de mango, pidiendo permiso respetuosamente, obvio, a la mata. Consiga, si puede, agua de manantial del Waraira Repano, de Quebrada Chacaíto, filtrada y lista para beber. Concéntrese o medite mientras llena, usted misma, su recipiente. Cumpla las normas: no puede subir carruchas, debe lavar sus manos antes de entrar y usar todo el tiempo el tapabocas, que debería llamarse tapa nariz y boca, para que no quede duda. Cocine a fuego mediano, en una olla mediana, media docena de hojas de mata de mango. Cómase un manguito mientras. Como no estamos en Colombia, nuestro querido corrector, el señor Cedeño, se ve impedido de sustituir “mata” por “árbol”. Con una concha de mandarina —pelada por alguien por quien usted tenga un bonito sentimiento—, usted puede darle ese toque inesperado: ponga la concha de mandarina en la olla y tape y destape a discreción, pero no se confunda: usted no es periodista, aunque después tenga que colar, dejar enfriar, tapar y destapar otra vez y ni se le ocurra “cambiar las reglas de juego”: es decir, usted no puede hacer la agüita esta de hojas de mata de mango si no es como yo le digo, ¿ve usted?, es que yo, como puedo escribir aquí, tengo más derecho que usted y puedo decirle cómo son las vainas. Cosas de esta revolución. Considere hacer unos dos litros, máximo, con esa cantidad de hojas de mata de mango. Cuide todas las matas de mango. Coopere. Cumpla las normas para evitar contagios. Cuídese.

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