Receta para hacer un té de una cosa… (2)

POR GUSTAVO MÉRIDA
ILUSTRACIÓN ROSENVELT COLLAZOS

Entonces, El Chino arrojó y el objeto cayó. Sonó. Vibró. La electricidad fluyó y la mano ajena, la de la mala intención, no podrá pasar. Al menos, no tan fácil. Tiene que romper la soldadura.

Pero romper la soldadura es asunto, también, de otras hierbas.

Busque una chayota. Ahorita, por cosas del destino, en esta redacción donde hago una receta que no parece y una cosa que sí parece, pero que tampoco es, hay una.

Esta chayota, la que tengo al lado, será cocinada como una papa. Por lo tanto, será tratada como tal: pelada y salteada con chorizo. Pero la chayota suya, que no es ésta, debe ser tratada como chayota. Mezclada con la concha de parchita que usted no botó, cocinada por horas (como si fuese un waratavo cualquiera), resulta en un jugo que sabe a pera.

Que usted haga una cosa con una intención, y que ese sabor resultante no sea lo que usted esperaba, a veces termina siendo sabroso para usted, que es quien está cocinando. Pero si usted es quien está probando…

Nota, para que se note: en la edición pasada del semanario CiudadCCS, publicación hermana, salió una nota, en la página 14, que se refería a los techos (no todos los techos, no cualquier techo, no un techo que parece pero que no es) como Rebeldes. Estos techos, aclara la periodista, en realidad son re-verdes.

Reverdecerá y veremos.

Próxima receta: Para hacer un té que sirva como cobija.

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