Receta para hacer un té de una cosa…

Por Gustavo Mérida / Ilustración Justo Blanco

Y que parezca de otra. Además, por cosas del destino, o del espacio, tendrá que dividirse en dos partes. Esta es la primera:

El chino es el sobrenombre de un amigo. Hay 18 pasos exactos entre una edificación que pertenecía, o pertenece, o no se sabe ahorita a quién pertenece.

Esta pertenencia rara, era, o es, o no se sabe todavía, de la iglesia católica. Hay otras iglesias con otras pertenencias, pero eso es asunto de otras hierbas.

Al final de esos 18 pasos (pasos firmes, relajados y atravesados), o al principio, está la otra edificación que pertenecía a la familia de Simón Bolívar. Para ser exactos, me refiero al terreno sobre el que está esta edificación. No la otra.

Pero hay otros pasos. Entre unos y otros, no serán más de cincuenta, en línea recta, hay dos terrazas. Desde una de ellas, el chino, alguna vez, haciendo tonterías, estuvo a centímetros del abismo. Esta vez, midió muy bien la distancia. Calculó, sopesó, miró hacia el cielo y luego hacia abajo, hacia la otra terraza. Un objeto volador no identificado atravesó el aire. ¡Claro!, exclamarán los que, como yo, no terminan de escuchar o de leer antes de interrumpir las palabras, que se agolpan justo ahí, donde ella se toca con la punta del dedo frío, luego de tocar el hielo. Pero eso es un asunto de otras hierbas. Lo bueno es que conseguí las semillas.

Volando sobre las próximas edades, como dijo él, propietario de un pedazo de tierra o pidiendo una camisa prestada, esos metros de cable enrollados hicieron una parábola y aterrizaron en la otra terraza con un sonido quebradizo y alucinante; la figura del chino, allá en lo alto, con los brazos en alto, saludando, iniciaba esa trayectoria que quedó grabada para siempre en el aire caraqueño: desde allá lanzaron lo que se necesitaba acá. A puro brazo. Tracción sangre.

La receta 

El chino me dice: “¿Y puedo homenajear a Roberto Gómez-Bolaños?”

Y se lanza por la bajada de la narración. Sus gestos son tres televisores a la vez. “El Chavo hizo tres jugos: uno de limón, uno de tamarindo y un tercero de agua de Jamaica; sucede que el de tamarindo sabía a limón; el de Jamaica, a tamarindo y este, a su vez, sabía a Jamaica”.

ÉPALE 388