Receta para hacer un té que pueda suavizar la cosa

Por Gustavo Mérida / Ilustración Daniel Pérez

Primero, consiga un melón.  En realidad, puede conseguirlo después; su tiempo es su tiempo y, asumiéndome como lo que soy, un yerbatero recién vestido, de ciudad y gonzo en tiempos de pandemia, le pido que, por favor, considere mis recetas con la seriedad y el rigor que da la comprobación de los efectos de cada té descubierto en esta búsqueda en la que estamos todos.

Pero considere también que, en este caso, no puede escoger cualquier melón. Es para suavizar la cosa.

Pruebo, con método, todas las recetas; experimento, me equivoco (jamás consuma guanábana hervida con jugo de limón, por ejemplo; buscando un té para caminar juntos –que aún no he hallado–, no pude salir a caminar, ni solo ni acompañado, por un buen rato. Por suerte, había agua. No la malgaste: cuele la pasta en una olla), entonces, me equivoco otra vez y cuando encuentro el resultado deseado, celebro y escribo la receta.

Pique el melón que tiene en sus manos, cuando lo tenga. No creo que lo sostenga en este momento, porque creo, romántica y tercamente, que usted está leyendo en papel. Le imagino y me siento agradecido aunque sé, con la certeza de otro té, que puede que usted no exista. Y si lo hace, que deje de existir para siempre, sobre todo si no sembramos cáñamo en los terrenos de, al menos, uno de los tantos campos de golf que tiene, del verbo tener, esta ciudad. Están muy bien cuidados. Lindos.

Lo importante de esta receta es que pique el melón en forma de sonrisas, o de media luna, o como se pica la patilla. Compártalo entre tantas personas queridas como pueda. Es un solo melón. Multiplique o divida: está en sus manos.

Cada persona debe morder y comer el melón hasta llegar a la concha. Mientras más marquitas de dientes queden, mejor. Si tiene la suerte de contar con una hija de seis años sin los primeros incisivos, que además comprendió que el Ratón Pérez está en cuarentena, entonces le queda más afrutado el té, que es el mismo té de tamarindo, concha de piña, papelón, jengibre, pepa de aguacate y, ahora, conchitas de melón. Enjuáguelas antes de poner todo junto en una olla de al menos 5 litros, para eliminar las salivas.

Sin duda que puede suavizar cualquier cosa. Por supuesto, siempre hay una excepción. Seguiremos intentando.

ÉPALE 373