Ilustraciòn Recetario 15

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO 

En la vida de uno siempre hay seres que te obligan a hacer cosas que no quieres hacer, diciendo que son por tu bien. Esa frase solo significa que si no obedeces lo vas a lamentar.

Así me pasaba a mí: ya fuera un impacto de chancleta voladora o un golpecito en el coco, seco y doloroso, con la paleta de la cocina, yo sabía que negarme a comer la ensalada de espinaca cruda que hacía mi madre tendría consecuencias devastadoras. Entonces comía voluntariamente, masticando lo mínimo necesario las espinacas crudas y tragándolas casi enteras para no sentir esa textura tan incómoda.

Porque, admítanlo crudiveganos, la espinaca cruda es áspera y suena como si se masticara anime.

Pero ¡oh, deidad misericordiosa que llenaste nuestra tierra de misterios!, ¿cómo es posible que, luego de cocinada, sea la espinaca un manjar tan delicioso?

COCINADA ES MÁS SABROSA

No sé si lo habías pillado, pero Popeye se comía la espinaca cocinada. Él no arrancaba un racimo de la tierra y se lo comía crudo, no. Él destapaba una lata de espinacas, así que me imagino que el contenido de esta seguramente estaba, como mínimo, hervido y sazonado con sal: Popeye no era pendejo.
Hervida y sazonada con sal y pimienta, y bien licuada con un poco de leche en polvo y agua, la espinaca se convierte en una sopita sencilla y deliciosa. Pero la espinaca es cara, o al menos así la ve uno en el automercado, donde ser pelabola es un pecado —para el— capital. Así que agarra nota: la espinaca está gratis en la calle.

EL PRIMERO QUE LLEGUE LE DEJA A LOS DEMÁS

Entre Parque Central y la estación del Metro de Bellas Artes está eso que llaman el “Organopónico”, mejor conocido como “el lugar ese donde siembran cosas”. Eso adentro está lleno de comida, que es cosechada y vendida muy barata, pero no es gratis.

Donde sí es gratis es en la parte de atrás del organopónico, en esa reja que da hacia la avenida Bolívar, que tiene una enredadera. Esa enredadera es espinaca criolla, también llamada espinaca malabar. Eso está ahí y no lo sabemos porque las corporaciones nos han sifrineado el paladar para que comamos las hortalizas que ellas nos quieran vender, en lugar de dejarnos comer gratis lo que brota naturalmente en nuestra tierra.

Así que la receta de hoy, el mazaclote de espinacas, consiste en ir al organopónico, recoger hojas suficientes de espinaca malabar, lavarlas muy bien en tu casa, sumergirlas en agua hirviendo durante un par de minutos, escurrirlas y colocarlas en un pote grande, como para mezclar cosas.

Lo siguiente que harás con tus espinacas (que ya están verde oscuro y más blandas por el hervor) será destrozarlas un poco y amasarlas con un huevito y un puñadito de harina de trigo o de maíz, cualquiera sirve. Luego, puedes sumar a la mezcla zanahoria rallada, queso rallado, lo que sea. Cualquier cosa que tengas por ahí sabrosita la puedes agregar un poco, pa que tenga más sabor. Después de eso, haz unas bolitas con el mezclote y fríelas en aceite muy caliente, o ásalas en forma de arepita, aunque lo primero queda más sabroso.

ÉPALE 306

 

Artículos Relacionados