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CREÍMOS QUE NO SOBREVIVIRÍAMOS CUANDO TUVIMOS QUE PERDERLE LA COSTUMBRE A LA HARINA DE MAÍZ, EL AZÚCAR, LA LECHE Y PAPEL TUALÉ, PERO LO LOGRAMOS. PROGRESIVAMENTE NOS ARREBATARON TAMBIÉN, LOS HUEVOS, EL JAMÓN, LAS CARNES, EL QUESO, LA HARINA DE TRIGO Y SUS DERIVADOS, LAS CHUCHERÍAS, LAS SALSAS Y LOS REFRESCOS. A JUZGAR POR COMO VAN LOS PRECIOS, ESTÁ PROHIBIDO COMER. ANTE ESTO, NOS SUGIERO REBELDÍA

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

Ya basta de protocolos, no hace falta presentarnos: en términos de sintomatología los pelabolas seguimos siendo la misma gente, la misma esencia, la única diferencia es que ahorita somos más. El contexto de guerra económica y sus catastróficas consecuencias sobre nuestros bolsillos ha unido nuestras voces en un solo clamor: ¡quincena! Cuando esta por fin llega la consigna cambia: ¡comida!

Sin embargo, somos un pueblo hermoso y luchador. Seguimos incansables aunque estamos fatigados, alegres aunque nos reconocemos trastornados por unas condiciones inéditas, cambiantes, agresivas, que nos exigen fortalecer los lazos, el carácter, la salud, la disciplina, a fuerza de guarapos varios y espaldarazos compartidos junto al compadre, la vecina, los amigos, el señor del autobús que le cede el puesto cuando usted carga un mamonazo e corotos entre los brazos… “Solo el pueblo salva al pueblo” repetimos mentalmente cada vez que alguien en la calle no nos trata mal. Le compramos la cerveza al enemigo y al primer trago suspiramos con fresca resignación y brindamos por la vida, la muerte, los amigos y la ingrata sociedad. Al día siguiente, cuando abrimos la nevera, escaneamos con los ojos construyendo el inventario demencial de las ausencias (hay margarina pero no hay masa, hay medio pan pero no hay nada que echarle, hay parchita para un jugo, pero no hay azúcar…) y asumimos, a veces de buena gana, que toca desayunar mixtura de vegetales arrugados con arepa de yuca fría y agüita de limonada con vetas homeopáticas de papelón requemao.

Esta es la vida que nos tocó, y más allá de lo fácil o difícil que la sintamos, la idea siempre deberá ser vivirla con plena felicidad, o en su defecto la máxima posible. Para facilitarnos un poco semejante empresa, compartiré con usted a continuación una pequeña lista de importantes secretos para seguir comiendo rico (o casi) aunque no haya mucho en la alacena. Preste atención y comience a poner en práctica estos consejos lo antes posible, o se acordará de mí el tercer día de la próxima quincena, cuando revise la billetera y se consiga, solitarias, las verdes alas de un billetico e 50 de 2008 que hoy no le servirán ni para tres hojitas de cilantro y un diente de ajo picado por la mitad.

1: EL HIELO ES CASI GRATIS

Téngalo presente: si tiene una nevera con el congelador en buen estado, usted tiene prácticamente una inagotable fuente de placebos contra la sed y la sensación de pelazón. Decir frappé automáticamente le levanta el ánimo a cualquiera, tomarse uno, más todavía. Lo único que debe hacer es acostumbrarse a llenar regularmente las gaveritas hieleras o tomar cualquier pote chino que haya quedado dando vueltas por la cocina como recuerdo de las vacas gordas, llenarlo con agua, y esperar a que esta se solidifique. El hielo resultante de tal procedimiento servirá para “sazonar” sus batidos, licuados, juguitos, infusiones y brindarles el encanto juvenil de un granizado. Hasta el piazo e jugo más aguao y traslúcido del mundo se vuelve casi casi una delicia si se sirve con hielo licuado.

2: EN TEMPORADA SON MÁS BARATOS

No quiero hablar de números porque, probablemente, desde el día en que este texto fue escrito hasta el momento de su publicación, los comerciantes hayan hecho estragos otra vez en nuestros bolsillos al recontrainflar por enésima vez los precios de las cosas, pero ¿notó usted que el tomate bajó de precio? Esto se debe a que estamos en temporada de tomates y los productores tienen que buscar la forma de salir desesperadamente de esa enorme cosecha que sin comensales dispuestos a comprar se pudriría por completo dejando a unos cuantos en la ruina. A ellos no les importa nuestra ruina ni a nosotros la de ellos, pero si llegamos a un acuerdo decente les podemos comprar los tomates barateados, o lo que se encuentre en temporada, por montones, y conservarlo para que dure mucho, mucho, y tengamos con qué llenarnos la barrigota a bajo costo por un buen rato.

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3: AGUA SABORIZADA, EL JUGO HOMEOPÁTICO DE NUESTROS DÍAS

Están de moda y son una estafa. En tiempos de crisis los vivarachos comienzan a mandibulear y a proponernos una especie de intercambio al mejor estilo de “espejitos por oro”. El truco se llama “dame todo tu dinero y te doy un vaso de agua saborizada”, o lo que traducido a franco castellano quiere decir que usted pagará un realero por un poco de agua sacada de una jarra donde pusieron a remojar una mandarina pelada pero entera, que le dará sabor a generaciones y generaciones de vasos de agua como el suyo, por los siglos de los siglos, amén, o al menos durante todo un día. No me lo contaron, yo lo vi y pagué por eso sin chistar. El colmo más grande fue ver que al agüita de mandarina remojada le echaban hielo para colmo de aguadeces.

Como esto es así, la idea es que desde ahora usted no pague más por esa ilusión de bebida: hágala en su casa. El disfrute es cuestión de ir refinando el olfato y hacerlo más sensible. Con el tiempo comenzará a disfrutar de ese lejaaaano olorcito a mandarina que se le siente al agua saborizada al final de cada trago. Recuerde la premisa fitness: mientras más aguaos sean los jugos, menos calorías tienen, y son más chic.

4: UN BRÓCOLI PARA ALIMENTARLOS A TODOS

Yo entiendo que no es barato, pero un brócoli grandote cuesta muchísimo menos que un cuarto de kilo de carne, y constituye una fuente de nutrientes muy versátil y sabrosa que puede llenarle la pancita a un montón de comensales, o a usted mismo muchas veces en una misma semana. Siempre que vaya a comprar comida le sugiero preguntarse antes de decidirse por cualquier ingrediente, cuántas personas se podrán alimentar con eso que está comprando, o para cuántas raciones va a rendir. Algo que cuesta caro pero rinde mucho suele ser una mejor opción que algo que cueste poco dinero pero no rinda nada.

EL DÍA QUE USTED SE COMA UN PLATO DE PASTA CON BRÓCOLI A LA BECHAMEL PIRATA, SABRÁ QUE (…) SIEMPRE HAY UNA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

Entonces: imagínese que tiene usted en su haber provisiones suficientes de carbohidratos (pasta, arroz, verduras, u otros), y no sabe con qué se los va comer. Procederá a tomar un brócoli y cocinarlo al vapor o sancochado hasta que se ablande. Luego los trocitos de brócoli se apartarán por un rato y el caldito resultante se podrá utilizar como base para hacer alguna salsa monoingrediéntica (los caldos siempre hay que aprovecharlos, puesto que guardan dentro de sí todo el sabor y la carga nutritiva que se le escapa a los vegetales), como una bechamel pirata, que consistirá en espesar esa agüita con maicena y darle sazón con sal, pimienta, un poco de cebollita sofrita en margarina, o lo que sea que haya. El día que usted se coma un plato de pasta con brócoli a la bechamel pirata, sabrá que aunque no haya mucha guarandinga en la nevera, siempre hay una luz al final del túnel. Además, como ya le conté que rinde mucho, tendrá la satisfacción de poder brindarle una rica comida a toda su familia, y a sus vecinos, y a sus amigos, y hasta a su perro.

ÉPALE261-MIRADAS 15: TODA VERDURA SE HACE PURÉ, Y TODO PURÉ SE HACE AREPA

De auyama, de batata, de apio, de papa, de yuca. Usted hace puré de lo que sea. Y ese puré tiene una capacidad de metamorfosis tal que basta con agregarle tantita harina cualquiera (harina de maíz, de trigo, de plátano, de avena, o la que sea) para poder amasar la mezcla como una arepa convencional. De esta manera la dieta monoingrediéntica que suele derivarse de la compra masiva de productos de temporada puede resultar más variada y llevadera. Por ejemplo: suponiendo que usted consiguió acceder a una oferta de 5 kilos de auyama a precio de gallo flaco, lo más inteligente que puede hacer es tomar una buena porción y ponerla a hervir. Cuando esté blanda, el caldo y una fracción de la auyama los puede licuar para hacer una crema para el lunes. El martes puede comer puré de auyama hechos con la parte de la auyama que reservó el día anterior, y el miércoles desayune arepitas de auyama hechas con lo que quedó del puré del martes que a su vez había quedado del lunes.

6: TODO CON AJO SABE BUENO

Nombre: lo que sea; apellido: sofrito con ajo y sal. Es una fórmula que resulta exitosa hasta en el caso de las cáscaras de patilla (de las que hablaré más adelante). Usted agarra cosas baratas de esas que no saben a nada (calabacín, berenjena, chayota, etc…) y las sofríe con poco aceite, generoso ajo (yo sé que está caro, pero ¿qué no lo está?) y salecita, y ya.

Otro dato a tener el cuenta acerca de los sofritos es que se pueden conservar. Si usted consigue juntar aliños bastantes en su casa (ajo, ajíes, pimentón, cebolla, cebollín, céleri, etc), pique todo chiquitico, sofríalo con bastante sal (para que dure), y reserve en la nevera, en frasco de vidrio. A futuro ahorrará dinero, y el tiempo en la cocina le rendirá también notablemente.

DATO DE ÑAPA, NO COMESTIBLE

“No estamos dando bolsa porque eso está escaso”, sí Luis —así se llama el tipo del abasto. “La bolsa son 1.500”, ajá, y tal. Encima de que especulan ahora tenemos que pagarles por las bolsas. Para liberarnos de ese yugo les traje el secreto de la bolsa HUM, un artefacto plegable y muy portátil que podrá llevar consigo a todas partes, y en cuyo interior cabe un bojototón de alimentos suficientes para comer por un buen rato. Sepa usted que el grado de bonitura de la bolsa depende del cariño y la creatividad que usted le ponga, pero bonita o fea, le servirá. Solo debe comprar medio metro de una tela resistente, doblarlo por la mitad (habitualmente las telas vienen con una anchura estándar de 1,5 metros), y sin cortar nada pasarle un par de buenas costuras por cada lado, a mano o a máquina. La parte del doblez será el fondo de su bolsa, para mayor seguridad. Luego simplemente abrirá un orificio en el centro de la parte de apertura de la bolsa (como sugiere el dibujito adjunto) para generar un agujero a modo de asa, ¡y listo! Tendrá una bolsosota de mercado muy rudimentaria pero también muy resistente.

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