Reinaldo Iturriza: Chávez se ganó el respeto del pueblo venezolano

“En lo absoluto puede considerarse a la revolución bolivariana como un proyecto fracasado, sino como un proyecto inacabado”

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Américo Morillo

Reinaldo Iturriza inauguraba la mayoría de edad cuando el líder de la asonada militar del 4 de febrero de 1992, Hugo Chávez, iba rumbo a sus 38 con un arsenal de sueños a cuestas, queriendo cambiar el rumbo de un país que se disponía a caer por un precipicio tras la embestida de una clase política que poco, o nada, le importaba la patria, a menos que no fuera por los dividendos que de ella podían generar.

Pasaron los años, Reinaldo se hizo sociólogo y Hugo presidente y el destino los unió en una confluencia prodigiosa, cuando pasó a ser miembro del gabinete de Chávez, a cargo del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales entre abril de 2013 y septiembre de 2014.

Egresado de la Universidad Central de Venezuela, fue profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela y ministro también con el presidente Maduro, encargado del despacho de Cultura entre 2014 y 2016.

Investigador agudo, con perspectivas para nada complacientes pero profundamente arraigadas en la causa revolucionaria, es autor de dos piezas bibliográficas —27 de febrero de 1989: interpretaciones y estrategias (2006) y El chavismo salvaje (2017)— de importante referencia para comprender el fenómeno político y social que se gestó a partir del famoso “Por ahora”, con el que Hugo Chávez enterró una daga de dignidad sobre el cuerpo purulento de la Cuarta República.

—¿Qué hacías tú ese 4F, tenías idea de lo que sucedería?

—Ese martes estuve en mi casa, en Los Teques, con mi familia. Yo era un muchacho de 18 años. Era militante de base de una organización de ultraizquierda, y presentía que algo podía suceder, al igual que mis compañeros más cercanos, pero no manejábamos detalles. Eran tiempos de mucha protesta callejera, estudiantil. El 27F (del 89) era algo muy reciente. El clima era realmente preinsurreccional. Y, sin embargo, nos sorprendió mucho. Nos conmocionó el “Por ahora”. No imaginábamos que tantos militares pudieran estar involucrados en algo así, y mucho menos que se autodefinieran como “bolivarianos”.

—¿Llegaste a temer que se tratara de un alzamiento militar clásico, al estilo del Cono Sur?

—No, en ningún momento. Desde el principio me quedó bastante claro que se trataba de otra cosa. Podía tener dudas respecto de las capacidades políticas del liderazgo militar, es decir, las reservas propias de un muchacho militante de la ultraizquierda, pero sabía que no se trataba de militares de derecha, y de inmediato simpaticé con ellos.

—¿Qué lo hizo diferente? ¿Cómo fue que caló en la sensibilidad del pueblo venezolano a pesar de su fracaso?

—Entre otras cosas, lo que hizo la diferencia fue que Chávez asumiera la responsabilidad no solo del movimiento, sino del fracaso militar. Ese día se ganó el respeto de la inmensa mayoría del pueblo venezolano. De hecho, creo que ese es uno de los actos fundantes del chavismo. Además, nada más escuchándolos, era sencillo identificar que se trataba de militares rebeldes, no de asesinos o aventureros.

Iturriza es un hombre de medios y redes, bloguero, miembro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y activista de las causas populares, con seguimiento permanente al movimiento comunal en todo el país. Puede ser considerado un intelectual orgánico, de los que se han sumergido a conciencia en la realidad para extraer los aprendizajes que permitan precisar la identidad del chavismo.

—¿El sector civil tuvo verdadera participación o su ausencia contribuyó al fracaso del golpe?

—Hoy se sabe que parte de eso que llamas “sector civil” rivalizó con el liderazgo militar e incluso intentó precipitar los acontecimientos. Otros estaban al tanto, pero decidieron mantenerse al margen. Otros hubieran querido participar, pero no lo hicieron por errores de planificación o ejecución del plan. Digamos, para no entrar en detalles, que no estaban dadas las condiciones para lograr una masiva movilización popular en favor de la insurrección. Pero ciertamente hubo participación civil.

—¿Sin el 4F qué destino le esperaba al país?

—Me gusta pensar que, tarde o temprano, ese país, civil y militar, se iba a levantar. Estoy convencido de que el 27F de 1989 fue un verdadero quiebre. El pacto de élites murió allí. Restaba saber qué cosa le sucedería. Mejor dicho, faltaba saber si seríamos capaces de construir una alternativa. Un proyecto histórico nacional no nace por generación espontánea. Los militares rebeldes, que tenían una década organizándose, permitieron darle cauce a la rebeldía popular.

 —¿El “Por ahora” aún late en el imaginario del país? Es decir, ¿no se ha honrado definitivamente la prédica de Chávez? ¿Llegará ese día?

—Ese “Por ahora” está más vigente que nunca. Como promesa, como premisa, como horizonte. Mucha gente amiga, molesta, decepcionada, incluso ya alejada de la política, me pregunta qué va a pasar. Yo les respondo con tres palabras empleadas por Chávez ese 4 de febrero de 1992: “Vendrán nuevas situaciones”. Porque van a venir nuevas situaciones.

En un texto publicado en su blog, elotrosaberypoder, a propósito de los veinte años de la primera vez que Hugo Chávez empleó su conocida frase “hasta el 2021”, Iturriza advierte sobre el momento que vive la revolución bolivariana: “En lo absoluto puede considerarse a la revolución bolivariana como un proyecto fracasado, sino como un proyecto inacabado. Un proyecto que fue concebido, desde el inicio, para realizarse en tres décadas y, quizá más importante todavía, que resultó indiscutiblemente exitoso no solo durante la década de plata, sino aun entrada la que, siguiendo a Chávez, ha debido ser la década de oro. Hay suficiente evidencia material al respecto, y también espiritual: son millones los testimonios que pueden respaldarla. Solo el obcecamiento de las élites, que ha encontrado terreno fértil en las terribles dificultades que hemos tenido que sortear las mayorías populares, en particular durante el último quinquenio, puede pretender borrar la realidad de un plumazo”.

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