ÉPALE257-CIUDAD

¡HEMOS LLEGADO! ES LO PRIMERO QUE SE NOS OCURRE AL VER EL CALENDARIO Y SABERNOS EN DICIEMBRE. HA SIDO UN AÑO DE MUCHA LUCHA PARA PODER SEGUIR ADELANTE

POR NATHALI GÓMEZ • @LAESPERGESIA

Para llegar a esta Navidad hemos tenido que remar en un río de corrientes convulsas. El viaje, largo y accidentado, por momentos pareció interminable y lleno de obstáculos que hicieron más penosa la travesía. Después de tanto esfuerzo hemos llegado a aguas más tranquilas, producto del trabajo colectivo. Sin embargo, sabemos que tendremos que continuar remando porque hemos decidido seguir.

Así, como por sorpresa, nos tomó este diciembre que parecía alejarse a medida que corrían los meses. En medio del ataque por todos los flancos que se cierne sobre nuestro país, que ha hecho que el viaje sea lento y lleno de dificultades, con la finalidad de que cesemos de remar y quedemos a la deriva. Dentro de esa situación tan compleja nos llegó la Navidad, para recordarnos que 2017 termina con la paz que logramos tras las elecciones de los miembros a la Asamblea Nacional Constituyente. No obstante, la inflación, que creíamos exclusiva de fechas de alta demanda como esta, se ha cernido sobre nosotros sin darnos descanso todo este año. No ha habido otra opción que no sea remar. En medio de este prólogo, por así decirlo, tan poco navideño, la ciudad se ha vestido tímidamente para la ocasión y ha sacado sus galas luminosas en medio de la austeridad y problemas urgentes que nos agobian.

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En la Plaza Bolívar siempre brilla la luz. foto bernardo Suárez

En la Plaza Bolívar siempre brilla la luz. Foto bernardo Suárez

Unos niños corretean por la Plaza Bolívar, en el centro histórico de Caracas. Para ellos pareciera que la Navidad es siempre. Su mejor regalo es correr, jugar y gritar. No piden más. Son más de las 8 de la noche y su energía está inquebrantable, como si hubieran abierto los ojos hace solo minutos. El efecto edificante de ver la estatua del Libertador sobre su caballo está más allá de nosotros y nuestras circunstancias. Las letras luminosas que dicen “Feliz Navidad”, y que están muy cerca de la sala de lectura Manuelita Sáenz, sirven de marco para fotos y para aventuras infantiles. En su esquina, el Teatro Principal parece de caramelo. Luces rojas y verdes lo bañan como si fuera un dulce acabado de salir de la fábrica de Willy Wonka.

ES DÍFICIL NO ASOCIAR LA NAVIDAD CON LA INFANCIA, ESE LUGAR QUE SE EMPEÑA EN MANTENERSE EN PIE, EN MEDIO DE ESA EXTRAÑA NECESIDAD DE SER GRANDE Y RESPONSABLE QUE IMPONE LA VIDA ADULTA

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Parece de caramelo. Foto Jesús Castillo

Parece de caramelo. Foto Jesús Castillo

Las barandas de la plaza titilan como regalo visual para quienes a esa hora caminamos por ahí. Una pareja pareciera ser su propia luminaria. Se abrazan y se tocan el rostro. En sus miradas corre más electricidad que en toda la plaza. Afortunadamente, el amor aún no sabe de inflación y de precios enloquecidos. Los trozos de telas coloridas que se expanden entre los troncos de los árboles a esa hora no son tan vistosos, al igual que las ardillas que deben estar descansando en una aldea no visible para nosotros, simples humanos andantes. Las flores de luces navideñas están dispersas por varios rincones. Es difícil no asociar la Navidad con la infancia, ese lugar que se empeña en mantenerse en pie, en medio de esa extraña necesidad de ser grande y responsable que impone la vida adulta. Aunque no tiene luces de adorno aún, la actual sede de la Asamblea Nacional Constituyente, donde por tantos años estuvo La Francia, se alza con su edificio recién rehabitado y completa la sensación gratificante que da estar en el Casco Histórico caraqueño. Ver sus puertas talladas con las figuras de un cacique y una cacica en tono dorado es, por sí mismo, un espectáculo. Compartiendo esquina se encuentra el Palacio Municipal de Caracas, cuya fachada está delineada por luces blancas. En uno de sus ventanales de madera surge la silueta de una mujer, que solo deja espacio para un perfecto contraluz, que desaparece rápidamente.

Ornamentos para la Caracas peatonal. Foto Jesús Castillo

Ornamentos para la Caracas peatonal. Foto Jesús Castillo

Las luces blancas, que se enroscan en los postes del Bulevar del Vínculo y del Retorno, entre Gradillas y San Jacinto, están acompañadas de guirnaldas y flores de Navidad. De un lado está el edificio Gradillas, sede del diario Ciudad CCS. A esta hora se ven más mininos que personas. Salen tímidamente de sus madrigueras para recibir el alimento que una mujer mayor les da. Pareciera la escena de una película llamada En la noche, la calle es de los gatos. Las campanadas de la Catedral anuncian que la ciudad tiene sueño y que irá alertargándose cada vez más.

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La iluminación en las ventanas de los edificios aún es discreta. Algunos las pusieron desde noviembre, otros pareciera que ya no lo van a hacer y otros optaron por el pesebre. Desde los ya tradicionales y modestos de las estaciones del Metro hasta los que buscan cualquier rincón en alguna casa o lugar público.

Pesebres a la orden del día. Foto Jesús Castillo

Pesebres a la orden del día. Foto Jesús Castillo

En la plaza Tío Tigre y Tío Conejo, a lo largo del bulevar, están dispuestas unas tallas de madera de tamaño natural, hechas por los hermanos Erazo, que escenifican esa creencia de origen cristiano. Los niños se montan sobre las ovejas y los bueyes y, sin proponérselo mucho, forman parte del nacimiento de madera y piel. Alrededor, grupos de jóvenes toman cerveza y ríen a carcajadas. Es viernes y pareciera que, de cualquier manera, siempre llega la Navidad.

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