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POR MARÍA ANTONIETA PEÑA • @ANTONIETAPENA / FOTOGRAFÍA MICHAEL MATA

Uno de los aportes que caracterizó a la Revolución Rusa fue el afán de cuidar los detalles. Hasta la muerte de Lenin, no podía haber vanguardia política sin vanguardia estética, lo que daría pie al realismo socialista. Tan extrema resultó la necesidad que, aunque había libertad de composición, se modificó el estatus de algunos compositores, lo que los llevó a abandonar el país y renunciar incluso al carácter revolucionario de sus obras, como el caso del cosmopolita Ígor Stravinski.

La vanguardia era el ingrediente favorito al cocinar cada proyecto, como jugando a cambiar las piezas de la Historia para generar escenarios a su gusto. Una vez instaurado el poder soviético, buscó conservar sus logros transformando las estéticas. Tal es el caso de la composición para orquesta La fundición de hierro y un movimiento del ballet, Acero (1927) de Aleksandr Mosólov. El concepto de maquinismo, reflejo del desarrollo tecnológico del momento, impactó a muchos.

El primer instrumento electrónico de la historia de la música se creó en Rusia y le fascinó a Lenin. Un dispositivo compuesto por un par de antenas, una horizontal y una vertical, hecho para tocarse sin tocarlo. Se llamó “theremín” en honor a su creador (Léon Theremin). Desde la academia, el Conservatorio de Moscú sigue formando compositores y ejecutantes.

En Venezuela, cuando uno de los estandartes en el mundo es la formación de jóvenes en la música académica, podemos hablar de la riqueza cultural que resulta de combinar históricos repertorios con sonidos propios. Según el maestro Gerardo Gerulewicz, formado en Moscú, en Venezuela y en el mundo se usa la orquestación rusa, pero sin cerrarse a nuevas ventanas. Los compositores rusos se destacan más por ser melodistas. La disposición de los instrumentos dentro de la orquesta y el color de los mismos son detalles propios de la orquestación rusa.

En nuestras tierras, a la maestra Modesta Bor, de formación soviética, la caracterizó el hecho de poder combinar sonidos y técnicas de otros países con colores propios venezolanos, como el hermoso polo margariteño. La academia rusa, y en Europa en general, fueron creadas las orquestas sinfónicas para ejecutar siempre las obras de sus propios compositores.

Para el maestro Gerulewicz, de tener que llevar aportes de nuestra academia musical a Rusia, lo haría desde la frescura y musicalidad natural de los venezolanos y latinos, y se traería de la escuela rusa la rigurosidad y formación de los compositores. Aun cuando en nuestro país se forman buenos ejecutantes, debe cultivarse más el desarrollo del compositor.

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