ÉPALE289-CCS MONTE Y CULEBRA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE •@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

De los ríos que menguan, desaparecen, aparentemente derrotados, y vuelven a reaparecer furiosos, te tengo un rollo.

Recuerdo el drama horrendo de El Limón (Aragua) en el año 1987: el cursito de agua maracayero entristecido y, de pronto, vuelto fiera que arrasó con casas, puentes y vidas humanas. Antes de ese, otros arroyos o ríos colosales se salieron de madre y vinieron a cobrarnos la osadía o estupidez de seguir al pie de la letra un conocido eslogan patrio: aquella frase del Libertador que no pretendía ser instructiva, y ni tan siquiera una recomendación, sino una hipérbole para calentarle la cabeza a un montón de gente aterrorizada. Señor: si la naturaleza se opone apártese o amóldese a su rabia tectónica, porque ni usted ni nadie va a hacer obedecer a esa entidad de la cual no somos sino una miserable partícula.

Por andar tratando de domar a la naturaleza a lo arrecho pagamos caro en las costas de Vargas aquello que fue temeridad, olvido e ignorancia: nos pusimos a construir casas en el curso de unas quebradas que de tan secas parecían muertas, pero las bichas se convirtieron en torrente cuando a la lluvia y a la montaña les dio la gana de resucitarlas.

De vez en cuando coge impulso y escupe unas piedras planetarias un río merideño que de tan voluntarioso va a parar a otro gigante llamado Apure: el Santo Domingo se desparrama cristalino y suelta unas espumas maravillosas, dignas de ser vistas y de enero a marzo, incluso disfrutadas en baños veraneros. A lo largo de esa culebra de agua helada van desplegándose historias y duendes, y también ciertos misterios que no siempre es sabroso resolver. A la altura de La Mitisús, bajando ya hacia Barinas, hay una represa a la que regularmente le abren las compuertas y el agua del embalse baja haciendo crecer el caudal; ese río que en estado natural y relajado inspira respeto se vuelve más gritón y violento cuando lo liberan. En la entrada hacia Altamira de Cáceres oí cuentos: que una vez llegaron unas muchachas a sentarse en unas piedras gigantes que quedan en todo el medio, y allí empezaron a hacer contorsiones y a practicar un poco de yoga. Y que, entonces, el río se arrechó, probablemente porque su nombre católico se rebela ante las intromisiones culturales no cristianas, y echó una crecida pavorosa que dejó a las muchachas aisladas en mitad del río durante varias horas. Quienes me contaron eso seguramente lo vieron con sus propios ojos y eso les hizo respetar aún más a su río, así que no tuve corazón para contarles eso de las compuertas que se abren y se cierran.

Por esto días ha crecido el Orinoco, madre río y padre río. Hace miles de años el Orinoco desembocaba en el actual estado Falcón, pero los movimientos tectónicos fueron levantando, o levantaron a lo macho, una montaña de granito que se interpuso en su camino. La montaña ganó la pelea y el titán de agua tuvo que desviar su curso y resignarse a morir en lánguido delta, hacia el Atlántico.

Atavismo geográfico con su carga de símbolos: las aguas primordiales de Venezuela ya no corren hacia el Norte; antes bien se lanzan a buscar (sin hallarlo del todo) el ancestro africano.

ÉPALE 289

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