ÉPALE254-ROBERTO MALAVER

EN UNA BIBLIOTECA DONDE SOBRAN LA RISA Y LA BELLEZA, PASA SUS MÁS PRECIADOS MOMENTOS UN HOMBRE QUE SE HA DEDICADO A CONTAR SU TIEMPO ENTRE LA IRONÍA Y EL HUMOR

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO ⁄ FOTOGRAFÍAS JESUS CASTILLO

Un tipo encantador, de risa fácil y salidas astutas a cualquier emboscada preguntona, el Roberto Malaver ese. Lo digo así, “el Roberto Malaver ese”, dejando colar entre las letras un poquito de reconcomio porque es que no hubo forma de que me respondiera algunas cosas, que ni siquiera pretendo mencionar para no mancillar mi bastante erosionado orgullo de mujer preguntona. Cónchale, vale, no puede ser que una le trate de entrar de mil maneras y el señor frente a mí me ataje todas las curvas con una sonrisota imperturbable.

Nos recibió en su casa, un espacio notablemente hermoso que da cuenta de una vida exquisita, de cultura, conocimiento y arte, coronado, además, por una mata de aguacates cargadita que, junto a los tres gatos y el perrito, es uno de los seres vivos más amados dentro de la casa de los Malaver-Cusati.

Aquello fue una invasión epalera sensacional: entramos por la puerta del Centro de Estudios Roberto Malaver, cuatro paredes repletas de libros, con una neverita para vinos, una pequeña colección de obras de arte, un nebulizador para su asma, otra colección de figuritas de Pinocho (“¡Es que a mí me encantan los mentirosos!”, dijo) y, bueno, la cosa fue más o menos por este orden:

—HÁBLAME DE TU BIBLIOTECA, ¿QUÉ TIENES POR AQUÍ?

—Bueno, mi biblioteca contiene las cosas que me gustan: humor, comunicación, periodismo y novelas negras, o novelas policiales. También admiro mucho la obra de tres mujeres: Oriana Falacci, Joan Didion y Leila Guerriero.

—¿Y LO HAS LEÍDO TODO?

—¡Claro!, y lo que no he leído lo tengo como libro de consulta. Aquí hay libros que no son para leerlos de una sola sentada, pero sé dónde están y de qué se tratan, y cuando necesito saber acerca de algo los busco y consigo lo que necesito.

—¿LOS TIENES ORDENADOS POR TEMAS?

—¡Sí, claro! —se reía. Con cada respuesta soltaba unas cuántas carcajadas que hacían más ameno aquel rato—, o casi, a lo mejor se ha desordenado un poco, pero igual sé dónde está cada cosa. Aquí están los libros que más me gustan, los que son importantes para mí.

A medio metro de su flanco derecho se encontraba la colección completa de Olafo, El Amargado, una pila de revistas de Milo Manara y una colección de la revista El sádico ilustrado.

Roberto asegura que le encantaría poder vivir todo el tiempo metido en su biblioteca

Roberto asegura que le encantaría poder vivir todo el tiempo metido en su biblioteca

—¿TE GUSTA MUCHO EL HUMOR?

—Por supuesto. Augusto Hernández decía que para hacer humor había que ser muy inteligente. Aquí estoy rodeado de libros de la gente más inteligente de la que tengo conocimiento. Aníbal Nazoa, por ejemplo, ese sí que era un tipo inteligentísimo y original. El mejor libro de humor que conozco es Obras incompletas. Él escribió todo lo que era posible escribir sobre el humor, lo demás es pura copia porque, eso sí, dudo mucho de la originalidad, creo que parte de la identidad del venezolano radica en copiarse de otros.

—¿QUÉ MÁS TIENES EN ESTA BIBLIOTECA?, OTRAS COSAS QUE TE GUSTEN MUCHO

—Tengo todos los libros de Alfredo Bryce Echenique, que me encantan. Mira —extiende un brazo y saca dos libracos gordos de la biblioteca, la sonrisa sigue presente y no se acaba—, estos son dos ejemplares de Palinuro de México, de Fernando del Paso, ¡hasta tengo uno firmado por el autor!, este libro es increíble, graciosísimo, tiene unas salidas increíbles. Este está todo rayado porque Rafaela —Cusati, su encantadora y también graciosísima esposa— encontró algunos pasajes que le gustaron mucho y los marcó.

—ME IMAGINO QUE TE REGALAN MUCHOS LIBROS. ¿LOS LEES TODOS?

—Leo muchos, pero no los leo todos. Esto, porque a mí me pone muy triste no terminar un libro. Si comienzo un libro lo termino de leer aunque no me guste, porque dejarlo sin terminar me da una sensación así como de haber raspado una materia, por eso pienso que una biblioteca debe tener solamente las cosas que le gusten a uno.

—HÁBLAME DE LOS INTELECTUALES…

—Te confieso que todavía no he logrado saber exactamente qué es lo que es un intelectual. En todo caso podría decir que es un tipo que piensa su tiempo, que escribe su tiempo, propone cambios, aporta ideas…

“Este libro lo compré en la Filven por 5 mil bolos”

“Este libro lo compré en la Filven por 5 mil bolos”

—¿TE CONSIDERAS UN INTELECTUAL?

—¡Nooo! Un intelectual tiene que pensar, ¡y a mí me cuesta muuucho pensar! A mí me encanta ir a la batalla de las ideas, que mis amigos me inviten a un intercambio de ideas, porque voy y me llevo un montón de ideas de ellos y a ellos no les queda nada, ¡jajá!

—MUCHOS VEMOS EN TI A UN GRAN INTELECTUAL QUE NOS INCENTIVA AL PENSAMIENTO…

—No me propongo incentivar a nadie a nada, soy muy malo para dar consejos. Lo que sí creo es en la pasión, el entusiasmo, la formación y en la ironía, me encanta ironizar; pero no soy un intelectual, básicamente porque soy un tipo muy cobarde, un intelectual tiene que ser un tipo muy valiente.

—BUENO, ¿Y CÓMO VES A LA UNIVERSIDAD?

—A la universidad la veo pasando por un momento de ignorancia; allá, con mucha gente, se está perdiendo el conocimiento. El país está en movimiento y la universidad está estancada, eso me preocupa: donde se supone que deben generarse las ideas no se han creado ideas para mejorar el país. La universidad está llena de muchachos que en realidad son unos viejos, no tienen eso que caracteriza a la juventud.

—¿QUÉ DEBE CARACTERIZAR A LA JUVENTUD?

—La creación. Luis Britto García, por ejemplo, es un tipo sumamente joven, todo el tiempo está creando, generando ideas nuevas.

—¿CUÁL HA SIDO PARA TI TU MÁS GRANDE ÉXITO?

—No me planteo nada serio ni en términos del éxito. Creo fundamentalmente en el fracaso, los fracasados tienen más cosas que contar que la gente exitosa, se aprende mucho más del fracaso que del éxito; por eso, en todo caso, quiero ser el éxito de mis fracasos, no me propongo conquistar victorias. Eso sí, pienso que uno debe ser excelente en lo que sea que haga. Por eso trato de diferenciarme, aunque no me tome muchas cosas en serio. Mucha gente se las da de serio para engañar a los demás, para parecer serio y respetable. Un humorista no debe respetar nada, por eso soy un tipo muy superficial.

—¿DE QUÉ TE SIENTES ORGULLOSO EN ESTE MOMENTO?

—A mí me gusta mucho un trabajo que estoy haciendo junto a Carola Chávez, El especulador precoz. Con eso sí siento que estamos haciendo algo, generando algo que vale la pena.

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