ÉPALE313-ROBERTO QUINTERO

SWING LATINO

LA MÚSICA ESTÁ EN SUS VENAS Y SU TALENTO, DISCIPLINA Y CONSTANCIA HAN CONTRIBUIDO A QUE A TRAVÉS DE SUS MANOS TRANSMITA ESA ANCESTRALIDAD AFROVENEZOLANA QUE MARCA LA DIFERENCIA

POR NATCHAIEVING MÉNDEZ  ⁄ FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

Para dar un golpe certero, directo y poderoso es necesario que un karateca tenga concentración, determinación y precisión. Es probable querido lector, querida lectora, que usted se pregunte qué relación tiene esto con la música, que al final es de lo que trata este espacio que ahora lee. Pues fíjese que al hablar de Roberto Quintero, multipercusionista, ganador de 17 premios Grammy, todo esto tiene sentido.

Nacido el 9 de noviembre de 1968, en la cuna de los salseros: San Agustín del Sur, Caracas, Roberto creció en un ambiente en el que la música era lo cotidiano. Su padre, el guitarrista, cuatrista, cantante y compositor Ricardo Quintero (†), del Grupo Madera, junto a sus tíos —todos muy conocidos— convertían cada fiesta familiar en un verdadero concierto.

Y aunque las grabaciones que hacía su tío Nené de estos encuentros familiares comprueban cómo desde niño tocaba los bongós, la primera pasión del percusionista fue el karate, disciplina deportiva en la que tuvo una trayectoria tan exitosa que en 1984 viajó a Nueva York (EEUU) para representar a Venezuela en un Championship, el principal torneo de karate en el mundo.

Pero como “lo que es del cura, va pa la iglesia”, la música que siempre estuvo en la esencia de este caraqueño comenzó a exigir su espacio y lo hizo cambiar de profesión. Comenzó a estudiar en institutos y conservatorios de música y aprender los ritmos de la música afrovenezolana, latinoamericana y caribeña de los mejores como Luisito Quintero, Jesús “Totoño” Blanco, Farides Mijares y Pedro García “Guapachá”.

“Empecé a tocar en un grupo que se llamaba Experimental Hornos de Cal, contemporáneo del grupo Madera (en el que fallecieron mi papá y mi tío); ellos fueron lo que crearon ese movimiento social. Yo bailé con el grupo Maderita cuando era muy joven”, comentó el músico, quien luego estuvo con las agrupaciones Daiquirí, Magia Caribeña, le hizo algunas suplencias a su tío Nené, a Luisito, hasta principio de los 90, cuando da el gran paso con la Orquesta de Oscar D’León.

En 1994, Roberto Quintero se muda a Nueva York y se lleva en la mente un arsenal de ritmos afrovenezolanos que comenzó a tocar en la salsa y en otros géneros como el jazz, el pop, entre otros. “Comencé a incorporar todos esos instrumentos venezolanos como el cumaco, quitiplá, tambores de gaita, tambores de fulía, maracas de joropo, etc. y eso me abrió el mundo”, dijo.

Esta particularidad hizo inconfundible la percusión de Quintero quien desde entonces compartió escenario con grandes figuras de la música como Gonzalo Rubalcaba, Rubén Blades, Eddie Palmieri, Celia Cruz, Pete Rodríguez, Marc Anthony, Ray Barretto y una extensa lista.

Roberto confesó que en cualquier espacio en el que se presenta siente “paz, mucho amor, mucha adrenalina, mucha alegría”, que es lo que comparte con el público que disfruta de su talento. “No se trata de caerle a golpes a un instrumento; es hacerlo hablar, transmitirle a la gente el amor que tú sientes por ese instrumento y, bueno, la representación de mi país, al que siempre tengo presente: Venezuela”, confiesa.

En la actualidad, junto a Luisito Quintero, lleva el proyecto “Quintero’s Salsa Project”, con el que impulsan el álbum Nuestro hogar, en el que se incorporaron artistas como Gustavo Aguado, Luis Fernando Borjas, Isaac Delgado, Luis Enrique Mejías, Marcial Istúriz, Ronald Rojas, Rafael Quintero (compositor del tema principal: “Nuestro hogar”). Próximamente, ambos músicos preparan un tributo a La Dimensión Latina y un disco de latin jazz.

Con la concentración y enfoque propio del karateca, así como el amor y el respeto a la música, este Quintero ha superado obstáculos para convertirse en uno de los percusionistas venezolanos más reconocidos del mundo. Sin dudas, seguirá inflando el pecho de los venezolanos pues su sentencia ante la vida es absoluta: “Todo es posible, todo es tener disciplina, tener ganas y no parar hasta lograr tus sueños”. Más na, karateca… ¡Saravá!

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