Rodolfo Porras: un ateo hablando de santos

Es cuestión de meses para que podamos decirle “santo” sin mirar hacia los lados. Pero mientras, sigue siendo venerable

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Michael Mata

El fastidio es que, a estas alturas, a José Gregorio Hernández aún no se le puede llamar santo. Si bien el 18 de junio pasado, el papa Francisco aprobó el decreto que reconoce el milagro atribuido al venerable en la curación de Yaxury Solórzano Ortega, una niña de 10 años que recibió un disparo en la cabeza y se salvó milagrosamente tras ser cedida en oración al médico de los pobres, apenas si puede ser denominado “venerable”.

Es uno de los extraños caminos del señor que ha seguido el proceso para su futura beatificación, prevista para el primer trimestre de 2021.

Hace rato que comenzaron los faustos. Ya desde 1986, cuando fue declarado venerable por el papa Juan Pablo II, estaba perfectamente validado por el pueblo como un santo de oficio, salvador de los desposeídos. Sólo que ahora sí, burocráticamente hablando, la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano reconoció un hecho sobrenatural que lo certifica como obrador de prodigios, con lo que allana el camino de acceso a las grandes ligas de los mediadores superpoderosos ante Dios.

Para completar el proceso, sus restos —visiblemente corrompidos por el tiempo— fueron exhumados del santuario de Nuestra Señora de la Candelaria el pasado 26 de octubre, en el marco de su cumpleaños, como parte del protocolo ordenado por un tribunal eclesiástico, acompañado de médicos forenses, patólogos y las máximas autoridades de la jerarquía eclesiástica.

Sin poder observar personalmente el procedimiento, pero salpicado por su aura maravillosa, se desbordaba por los alrededores el pueblo congregado con tapaboca y sin reparar demasiado en el distanciamiento social. En última instancia, estaba vibrando en el fragor de los milagros.

Más allá, o más acá, el dramaturgo Rodolfo Porras trasegaba el hálito místico de la beatificación de nuestro médico mártir, en labores de escritura del guión para un audiovisual de 14 minutos que narra la épica vital de un personaje histórico y espiritual, conectado con el alma de la venezolanidad, singularmente el de la caraqueñidad.

Aún siendo ateo, Porras logró recoger en la producción de la Villa del Cine José Gregorio Hernández: pasión por la vida (estrenada el pasado domingo 1° de noviembre a través de varios medios oficiales y que se puede seguir disfrutando en el canal de Youtube de la Compañía Nacional de Teatro) el paisaje de un hombre, su tiempo y la historia mínima de la patria espiritual.

—¿Qué quisiste decir de José Gregorio que no se haya dicho antes?

—La Compañía Nacional de Teatro me propuso escribir un guión sobre José Gregorio Hernández. Apenas sabía que había muerto atropellado, que era médico, que mucha gente lo consideraba un santo, que la jerarquía católica no daba los pasos necesarios. En realidad, no me llamaba mucho la atención el personaje, a pesar de ser tan icónico. Pero cuando echas una ojeada, el tipo resulta de lo más interesante. Es eso es lo que quise decir en el monólogo, que es un personaje muy interesante, que, de hecho, influyó de manera determinante en la medicina del país.

—¿Te parece acertada la mitología de José Gregorio más allá de su uso dogmático-religioso?

—Es raro que preguntes sí es acertada o no. Si la industria, la gente o alguna instancia de poder decide crear una mitología alrededor de una persona, siempre será acertada si se concreta, independientemente de que calce con el personaje real. En este caso, parece una mitología creada más por la gente y la dinámica histórico-social que por alguna instancia de poder. Eso genera un valor, una solidez para quien la asume, porque es la misma gente quien la ha ido creando. El uso de su imagen con el flux negro, el sombrero, los clásicos bigotes ha sido usada, no sólo en las estampas religiosas, incluso lo han hecho pintores iconoclastas. Los testimonios de milagros, el uso mediático, lo convirtieron en parte de la identidad venezolana. Por ejemplo: José Vicente Rangel asumió esa imagen en un afiche electoral, en una de sus candidaturas para el MAS.

—¿Y el uso de José Gregorio en las otras religiones, como el espiritismo?

—Yo sé poquito de eso, por no admitir que no sé nada; entiendo que pertenece a una corte de santos, sé que Chávez y Bolívar también. Yo creo que la gente que trasciende de una manera especial termina perteneciendo a una corte de esas. Y más él, que está vinculado a los milagros; es como decir que está en el negocio.

—¿La devoción hacia José Gregorio es un acto de fe muy caraqueño?

—Yo creo que abarca toda Venezuela y, según escuché, pasa las fronteras.

—¿Por qué crees que se ha intentado también crear una especie de leyenda negra sobre su figura (que si era racista, pesetero, mal amigo)?

—Yo creía que era un alcohólico, que por eso lo había atropellado el único carro que había en Caracas. Resulta que había muchísimos más, de hecho, quien lo atropelló portaba la licencia de conducir setenta mil y pico; todo indica que no bebía, pero ese cuento me lo contaron cuando yo era muchacho. También dicen que era el médico de Gómez, y parece que sí, que fue a verlo, pero no era su médico. Como ciertos políticos se cobran las afinidades. Por ahí debe venir parte del descrédito. Pero, así como iba a casa de los ricos, y les cobraba bastante, así iba a casa de los pobres y cobraba poco o nada. Lo otro es que era un tipo más bien sobrio, me imagino que muy solitario; trabajaba como carpintero en su tiempo libre para fortalecerse, ya que antes pretendía ser monje y se había ido a Italia a un monasterio, de esos que hacen votos de pobreza, silencio, ayunos, trabajos durísimos, etcétera. Y no aguantó, de vaina no se murió. Así que no creo que fuera muy sociable. Se hacía sus propios trajes. Un tipo raro sin dudas, sobre todo para la sociedad caraqueña de esa época.

—¿Te interesa más el personaje público, histórico, que el devocional?

—Yo creo que el personaje es todo eso: un personaje público porque es devocional e histórico; y, así, haz la combinatoria que quieras y te da el mismo resultado. Aunque me sorprendió sus aportes a la medicina, son de verdad significativos. El primer microscopio traído a Venezuela, sus estudios sobre microbiología, la modernización de algunas cátedras de la Escuela de Medicina, no son poca cosa.

—¿Has recibido o conoces en primera persona alguno de sus milagros?

Me han contado en primera persona: alguien que lleva su nombre porque el parto estaba muy difícil; otro que casi se muere. Pero yo soy ateo y, como no creo en eso, no le puse atención al asunto, así que he tratado de recordar quiénes me han contado sus casos, pero no me viene nadie.

ÉPALE 389