RONDON

AL JINETE Y GUERRERO EXCEPCIONAL LE OCURRE LO QUE A MUCHOS PERSONAJES HISTÓRICOS UTILIZADOS A CONVENIENCIA: SE PONE DE MODA UN RATO Y, CUANDO NOS CANSAMOS DE HABLAR DE ÉL, DESAPARECE O SE OLVIDA SU RASTRO ENTRE BOSTEZOS Y FRASES HECHAS

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

Justo por estos días se cumplen años de un episodio triste pero predecible: un señor de la guerra muere guerreado, es decir, muere en su ley. Ocurrió en 1822, en una escaramuza más bien secundaria al final de las conflagraciones que le dieron la Independencia a Venezuela. La batalla de Naguanagua no es un evento que mucha gente recuerde, como no sea a la hora de enterarse o recordar que en su transcurso alguien hirió en un pie a Juan José Rondón; y que esa pequeña herida se fue poniendo fea y degeneró en tétano o gangrena; y que esas cosas significaban la muerte en aquellos años horrendos e insalubres.

Una lectura más o menos despiadada de la Historia y de las leyes de la crueldad pudieran llevarlo a uno a concluir que ese Rondón, 32 años de edad y más o menos la mitad de ese tiempo dedicado a domar caballos y matar gente (y viceversa), ya estaba viviendo más o menos de gratis; que la vida le estaba regalando una ñapa a ese hombre, protagonista de acciones insólitas y emblema de las veleidades clasistas de hace 200 años.

Por “veleidades” se entiende eso de andar varios años al lado de un furioso taita o comandante de apellido Boves y, de pronto, aparecer al lado de otro taita o comandante, justo en la acera de enfrente: Rondón fue pieza central de la especie de ejército popular que se aglutinó en torno a José Tomás Boves hasta el año 1814, y cinco años después estaba peleando a las órdenes del blanquito caraqueño a quien los boveros querían desmamagüevarle la vida para quitarle las propiedades, aquel Bolívar, que también había cambiado muchísimo en esos cinco años.

ÉL ANTES NO ERA ASÍ

Antes de ser convocado por José Antonio Páez para que engrosara las filas de la República ya Rondón era el señor de los caballos. Esclavo negro, e hijo y nieto de esclavos negros, este Juan José había aprendido en los Llanos Centrales del actual estado Guárico, y hacia el Sur, en el Apure, las artes de la doma de caballos salvajes, que en esas sabanas proliferaban sin orden ni señorío. Rebaños (o madrinas) de cuadrúpedos salvajes poblaban la llanura y Rondón se había ganado un sólido prestigio capturando y convirtiendo en bestias manejables a esos locos cimarrones. De esa juntura con tanto bicho libre seguramente aprendió lo sabroso que es andar sin dueño por las inmensidades, de allí que cuando Boves comienza a captar a sus iguales bajo el lema “A pelear contra los propietarios se ha dicho, y el que agarre propiedades se queda con ellas”, se puso rápidamente al frente del saqueo y la destrucción; jefe de pinga ese que imparte más agua para la sed de venganza que límites y normas.

REBAÑOS (O MADRINAS) DE CUADRÚPEDOS SALVAJES POBLABAN LA LLANURA Y RONDÓN SE HABÍA GANADO UN SÓLIDO PRESTIGIO CAPTURANDO Y CONVIRTIENDO EN BESTIAS MANEJABLES A ESOS LOCOS CIMARRONES.

Muerto el taita en 1814 y regresado a las llanuras a continuar con la vida anterior, se percata el hombre de que esa vida no será lo mismo sin una guerra, que es una forma de vida, y viene el otro taita y lo capta para la causa de sus viejos enemigos: después de tanto revolcar y humillar a Bolívar le dan el chance de pelear al lado de Bolívar, y el hombre hace lo que sabe: amansar caballos, ahora para la causa independentista. Una de sus primeras acciones, después del cambio de equipo o salto de talanquera, tuvo lugar en aquel episodio que ha pasado a la historia como Las Queseras del Medio: todo el mundo sabe que Páez les dijo a sus malandros aquello de “Vuelvan caras” o “Vuelvan, carajo”, pero muy poca gente está enterada de que uno de los que volvieron caras y carajos fue Juan José Rondón. Pero así funciona todo, pues: fue Rondón el caballero de los caballos en esa jugada suicida, pero la gloria se la termina llevando Páez, el catire.

Poco después vino el conocido, o muy versionado, episodio en el Pantano de Vargas, en tierra colombiana: Bolívar preocupado por la forma en que los realistas estaban ganando la batalla y Rondón diciéndole que las cosas estaban así porque él todavía no había peleado, y entonces Rondón peleó y se acabó la pelea.

Tal vez sea justo homenaje la forma en que el decir político de estos tiempos ha querido recordar al Rondón símbolo: estamos llevando palo porque Rondón no ha salido a pelear. Pero es incongruente e incorrecto, estrictamente analizado el asunto: estamos llevando coñazos y no hemos ganado, pero no porque el pueblo Rondón esté tranquilo, porque no lo está. Rondón está guerreando en el pellejo de la gente que se mama horas de cola para llegar a la ignominia del trabajo; en el cansancio mental de los padres, quienes cada día se levantan y se acuestan preguntándose qué coño vamos a comer el día de hoy y de dónde vamos a sacar los cobres para lograrlo; Rondón pelea cada vez que el fascismo habla de imponerse a plomo y juega sucio, y va y gana las batallas del miedo derrotando a la lógica de los laboratorios de guerra: el país no ha colapsado porque Rondón anda peleando a su manera, no porque ande escondido o echándose a rendir en mitad de la pelea más fea del siglo XXI.

ÉPALE 291

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