SET

DESDE EL SET POR MARCO SANTANIELLO

En cualquier trabajo, profesión o labor que se desempeñe —con corazón y ganas— siempre existe gran satisfacción por el trabajo realizado. Existe mucha gente que no considera su trabajo como tal, ya que reúne una serie de satisfacciones e intereses personales donde cada individuo adquiere un compromiso y apego por su oficio. Pero siempre, o por lo menos de vez en cuando, todos miran más de la cuenta el reloj o el calendario, ansiando su paso seguro e implacable hacia ese anhelado fin de la jornada (más aún tratándose de un fin de semana en ciernes). Por supuesto, el cine tiene, digamos, una tradición particular al respecto.

En el mundo anglosajón existe una voz dentro del set para denominar ese momento en el que el rodaje llega al final de su jornada programada. Se trata de la expresión wrap it up, cuyo significado proviene de una vieja tradición del set en la que, al terminar el día de trabajo, se da la orden al personal de recoger todo el equipo y juntar el material expuesto para mandarlo, con sus reportes, al laboratorio.

Por supuesto, y como ha ocurrido en las divertidas peripecias y juguetones vericuetos lingüísticos en Venezuela, el término, poco a poco, adquirió una forma de anglicismo, por lo cual pasó a convertirse en el famoso “roperó”. Generalmente es el asistente de dirección el que da dicha voz de cierre, aunque en ocasiones especiales, cuando se da por terminado totalmente el rodaje de la película, es el director o el productor ejecutivo quien da la orden, a veces acompañada, en esos momentos, por alguna furtiva lágrima de nostalgia o agradecimiento.

Para muchos la voz de “roperó” trae algún remanso de alivio, sobretodo cuando el trabajo ha sido muy arduo o se ha realizado en locaciones o condiciones muy difíciles. Es también, posterior a este momento, donde muchos miembros del equipo se relajan un poco, intercambian opiniones con respecto al desenvolvimiento de la jornada o, incluso, sobre la calidad del material cuyo registro acaba de terminar. Por supuesto, y como es propio de nuestra idiosincrasia, no falta el pionero en el viejo y afable ejercicio de la mamadera de gallo, sobre todo si alguno de los miembros del equipo metió la pata o puso la torta.

ÉPALE 191

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