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EL REPRESENTANTE DE VENEZUELA ANTE LA OEA, UN CABALLERO DE FINA ESTAMPA PROCEDENTE DEL ALA “ASTRONAUTA” DE LA IZQUIERDA CRISTIANA, HA SIDO UN PIVOTE FUNDAMENTAL DE LA DIPLOMACIA REVOLUCIONARIA EN TODOS ESTOS AÑOS. DEBE SER POR ESO QUE LOS EX COMPAÑEROS DE PARTIDO Y DE CARRERA NO LE PERDONAN SU TRANSFIGURACIÓN

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ  • CLODOHER@YAHOO.COM / ILUSTRACIÓN ALFREDO RAJOY

Si viviéramos antaño, seguro que Roy Chaderton Matos sería un gentleman de paltó levita y pumpá, a bordo de un carruaje. Socialcristiano de nacimiento, el embajador venezolano ante la Organización de Estados Americanos es un caballero de fina estampa, que se aprendió el Manual de Carreño y practica la diplomacia con un humor inglés que hace juego con su nombre y su primer apellido.

La sola presencia de un señor con una pinta así en el gobierno revolucionario ha causado, desde un principio, múltiples equívocos y no pocas rabietas. Del lado bolivariano, Chaderton despertó los recelos de la gente dotada de revolucionómetro. “Ese bicho es copeyano”, decían quienes corrieron a alertar al presidente Hugo Chávez acerca de una inminente infiltración calderista en el gobierno. Pero el Comandante no solo dejó a Chaderton en el cargo que tenía antes de 1999 (embajador ante el Reino Unido), sino que luego lo envió a la estratégica embajada en Bogotá y hasta lo nombró canciller. En tiempos de Revolución, ha sido un pivote fundamental de la acción diplomática en las circunstancias más difíciles y en los escenarios más exigentes.

Su conversión al chavismo hizo y sigue haciendo rabiar también a sus antiguos compañeros de partido. Entre los primeros está Abdón Vivas Terán, quien en una entrevista dijo: “Me cuesta hablar mal de Roy, pero siento que él sacrificó los principios de nuestra lucha en el altar de los intereses subalternos”. Vivas Terán y Chaderton compartieron, en sus mocedades, la pertenencia a un ala de la juventud copeyana a la que llamaban, con sorna, “los Astronautas”, porque tenían unas ideas demasiado utópicas, andaban vagando por el espacio sideral de la izquierda cristiana.

Chaderton ha esgrimido esa parte de su pasado, precisamente, como su principal baluarte revolucionario. Aquellos astronautas eran defensores del socialismo cristiano, de la Doctrina Social de la Iglesia y hasta, en algunos casos, precursores de la Teología de la Liberación. De hecho, una parte de esos cuadros, junto a varios de la tendencia de “los Avanzados”, se marcharon de Copei y formaron el Grupo de Acción Revolucionaria (GAR), que luego se integró al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). No fue el caso de Chaderton, quien se dedicó a su carrera diplomática tras graduarse de abogado en la Universidad Central de Venezuela. En 1969 tuvo su primer cargo en el Servicio Exterior: segundo secretario de la embajada en Polonia. Luego recorrió todo el escalafón diplomático y destinos: República Federal Alemana, Bélgica, Naciones Unidas, Gabón, Noruega, Canadá. En el Servicio Interno ocupó la dirección de Política Internacional y fue viceministro en la gestión de Miguel Ángel Burelli Rivas.

Sus ex compañeros de la Casa Amarilla (a quienes cierta mala lengua llama los Excelentísimos Embajadores sin Embajada), casi todos rabiosamente antichavistas, son los que menos le perdonan su transfiguración revolucionaria. Cada vez que saca a relucir su talento para defender la política exterior bolivariana, sus colegas en retiro se reúnen para descalificarlo e insultarlo. Chaderton, con su humor inglés, no les para. Sabe que hablar mal del prójimo y profesar la cochina envidia son dos costumbres muy diplomáticas.

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