Salchichas con huesito

Por Nebai Zavala Guevara@nebalun / Ilustración Nebai Zavala Guevara

Entender el darwinismo social o mirar pasar la realidad descarnada

Soñar que te cortas uno a uno los dedos de las manos y pies para ofrecerlos a tus hijos como salchichas con huesito, es una pesadilla, tal cual como graficar la frase popular “estamos comiéndonos un cable”. Con esta ingrata sensación que dejan las imágenes descritas me pregunto si la pobreza es solo una actitud de seres con poca imaginación, cuando la realidad muestra diariamente más allá de mi ventana a personas con necesidades palpables por carecer de “lo básico” y no poder vivir bien.

En el Darwinismo Social las leyes de la naturaleza son idénticamente iguales a las leyes sociales, “ambas sujetas a la supervivencia del más apto”. Entiendo, en la naturaleza quienes son más inteligentes, más veloces, perseverantes y tienen más fuerza estarán en la cúspide de la cadena alimenticia. Entonces en la estructura social dominante quienes no alcancen todas estas competencias serán vulnerables. Pienso que no siempre es así, tal vez la perseverancia sea una característica indispensable para ampliar las visiones del mundo y ubicarme en el país de donde soy y en el que vivo. Para mí, más aptos serán quienes estén conscientes de nuestra historia y del lugar que ocupamos en el presente a diferencia de quienes hacen de todo por mantenerse en el poder y controlan: la información, el conocimiento, la economía y las armas.

Una mujer de clase media, profesional, divorciada, con hijos y a cargo de su familia puede representar una gacela, fácil presa de algún depredador en este momento de crisis y pandemia, pero en épocas de bonanza esta mujer  podía ser visualizada como una rinoceronte o una tiburona, abriendo la boca para mostrar toda su dentadura filosa. En aquel momento la supermujer a punto de conseguir su independencia iba con frecuencia a la peluquería, se compraba ropa de marca y consumía productos importados, hasta viajó a Panamá para raspar los cupos y le compró en Amazon los útiles escolares a sus hijos. Cuando se dañaba la lavadora lavaba en lavandería y de vez en cuando mandaba una prenda delicada a la tintorería, mientras esperaba que llegara del extranjero la encomienda del repuesto. Lo que no pudo lograr fue tener una casa y un carro propio, por qué sería. En una época donde la producción y el precio del petróleo eran lo suficientemente elevados para que hubiesen divisas, oro y muchas cosas más, la clase media podía mantener su estatus económico y continuar con optimismo sus aspiraciones para ser parte de la burguesía.  La sensación de bienestar de la tiburona pelando los dientes o la rinoceronte moviendo su cuerno de un lado a otro como la cabellera sedosa de cualquier princesa de Disney se amplió, con una moneda nacional convertida en soberana.

Las ideologías e intereses se enfrentaron, pero la simbiosis entre depredador y presa no resulto, según el Darwinismo Social esto sería “contra natura”. Ese proyecto de transitar los caminos de purificación de las aguas cuando estas estaban contaminadas nos hizo creernos insectos, seres perseverantes que trabajan en equipo, cada uno cumple su función y pueden dejar la vida en terminar la tarea que la naturaleza le otorgó. Creo que el poder en su estructura vertical autoritaria corrompe esa comunicación y certeza con la naturaleza. Las llamadas representaciones, esferas, cúpulas, burós, no visualizan los consejos o asambleas para la toma de decisiones. Esta misma mujer transformada en delfín, sensibilizada por maestros como Carlos Lanz, comenzó a ver los valores morales que favorecen al común y derrumban las barreras colocadas para cada estrato, acercándose al decir de la naturaleza, a sus ciclos. Sus necesidades cambiaron, ella no era muy normal, era artista. Alimentó las esperanzas por alcanzar la liberación total, por andar en bicicleta y construir viviendas comunitarias en armonía con la madre tierra, pero varios factores apuntaron como ballestas, espadas o dagas a su garganta y a las de quienes se empeñaron en otro mundo posible. Ahora actúa como gacela que se guarece en una habitación con sus hijos, intentando calmar las pesadillas con guarapos de malojillo, flor de cayena o paciflora. Puede ser que su instinto de supervivencia la haga lograr la metamorfosis a pulpo o calamar, estos no tienen huesitos en sus tentáculos y pueden moverse más rápido bajo las profundidades, resolviendo tantas cosas a la vez. Ojalá no vaya a terminar siendo el Kraken o Medusa.

ÉPALE 386