San Chávez

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

Al ser humano que le endilgan las culpas de todo lo que abarca desde el Big Bang hasta estas fechas, al morir, pasó a convertirse automáticamente en santo redentor de los pobres, los desvalidos y los olvidados.

En vida, Hugo Chávez se consumió a conciencia para hacer cumplir su proyecto de Revolución Bolivariana. Fue el primero en su clase en asumir abiertamente no solo haber sido responsable del golpe de Estado del 4F, sino que además hizo de práctica rutinaria el ejercicio de dar la cara por lo que tuviera que responder.

El 05 de marzo de 2013, Hugo Chávez pasaría a la inmortalidad, y desde ese preciso momento, pasó también a convertirse en un objeto de culto y devoción. Muchas rezanderas empezaron a incorporarlo en sus rosarios habituales, y los santeros, paleros y espiritistas se hicieron de pequeños bustos con su rostro para que éste los acompañara en sus encomiendas espirituales.

Incluso, en la entrada del Cuartel de la Montaña, en el 23 de Enero, se encuentra una caseta donde se le rinde devoción al máximo exponente de la Corte Libertaria  o la Corte Chavista. El espacio lleva el nombre del “Santo Chávez del 23”. Dentro del recinto hay un gran busto del Comandante, junto a unas flores, unas velas, un vaso de agua y una tacita de café, siempre llena. En una pared hay una imagen de Jesucristo, quien carga la cruz junto a Chávez, vestido con uniforme militar y boina roja, saludando. “Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?”, dice en el cartel.

El santuario espontáneo fue condenado por los medios de derecha, así como por la iglesia católica pues según ellos constituye una herejía profana e irrespeto a la fe que profesan. Pero las y los miles de creyentes, simpatizantes y dolientes que asisten a esta capillita le rezan con fervor, le dejan estampitas e incluso notas de agradecimiento.

Según los entendidos en espiritismo, son cuatro los espíritus que protegen a Venezuela de cualquier invasión o daño proveniente de terceros: Simón Bolívar, Guaicaipuro, el malandro Ismael y Chávez. Dicen que el amor de estos seres por esta tierra es tan grande que son capaces de levantar tempestades con tal de que nada mancille su honor ni su soberanía.

Es curioso que ni los adecos más furibundos jamás imaginaran enaltecer a Rómulo Betancourt ni a Carlos Andrés Pérez de esa manera. El pueblo elevó a los altares a quien en vida abogara por ellos, y ahora hay muchos que afirman que San Chávez les echa una manito con Papá Dios en el más allá.

Ni la muerte libró a Hugo de seguir dando la cara por los olvidados.

ÉPALE 400

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