ÉPALE273-RECETARIO DE MALÚ

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

—¡Qué digo yo coltán, oro, hierro, diamantes, chico!, ¿tú sabes qué vaina es un recurso natural capaz de sacarnos de este barbecho económico infame que nos lleva de camino hacia el trastor…?

—No.

—La sardina. Te cuento:

Es una cosa mágica, la sardina. Su relación precio-valor, su sabrosura y sus cualidades nutritivas son tantas, que bastaría con incorporar a la dieta unas cuantas raciones de sardina al mes para librarnos del inminente escorbuto que nos espera al final de este túnel de carbohidratos con mantequilla al que nos ha confinado la guerra.

Para empezar, un kilo de sardinas cuesta un poco’e plata, pero siempre mucho menos, mucho, muchísimo menos que cualquier otra proteína animal. Además, rinde un montón, casi pareciera que se reproducen en la bandejita donde descansan apretujadas mientras las limpiamos. Ya lo dice bien José Roberto Duque: “Del hacinamiento queda la promiscuidad”, sardinitas gozonas esas.

Están bien buenas las sardinas frescas, ricas en proteínas, vitaminas A, D, B2, B3; sodio, fósforo, calcio, magnesio y hierro; y están tan bien diseñadas por diosito santo, que todo lo sabe, que ayudan a bajar el colesterol que se nos sube con el aceite recontrausado en que las freímos (es que está caro y se debe rendir). Por último, pero no menos valioso, la particular textura de la sardina, grumosita con pinchosa, te obliga a comer despacio, de manera que a tu estómago le da tiempo de asimilar lo que vas tragando, y eso, además de estimular el metabolismo, colabora con que nos llenemos más comiendo menos: na guará de conveniente.

SARDINAS A LA GOIS

Se llaman así porque Tatun (compañera diseñadora en Épale CCS) me brindó unos filetitos de sardina fritos la semana pasada, y quise hacer un homenaje a tamaño gesto. Prepararlas es muy fácil: agarras la sardina, le raspas las escamas, le quitas las tripitas y los huesos, la pasas por harina de maíz con un toquín de sal y la lanzas en un sartén a fuego medio, donde ya repose un charquito de aceite bien caliente. Para el empanizado podrías primero revolcarlas en huevito, pero vamos a estar claros: la masa no está pa bollo. Si no tienes ni la harina ni el aceite, tampoco te me amilanes: a la plancha son sabrosas y mucho más saludables.

Cocidas por ambos lados, el resultado será una especie de chicharrón marino delicioso. Si tienes un par de limones, córtalos y exprímeselos por encima a tus sardinas y verás el cielo.

LÉASE EN CASO DE EMERGENCIA

Como todas las cosas en esta vida, el comer sardina también implica grandes riesgos, por eso es muy recomendable tener un pedazo de canilla cerca al momento de comerse las sardinas. Si la hogaza es grandecita, disfrútala a tu gusto, combina sabroso. Si, en cambio, es solo un pequeño pedazo de pan a medio endurecer, te recomiendo guardarlo por si se te atasca una espinita en la garganta.

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