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POR DULCE MEDINA • @CCSDESDELARAIZ / FOTOGRAFÍA MILANGELA GALEA

EPALEN169_24.inddEl suelo urbano y, con él, la actividad inmobiliaria y de construcción se convirtieron en el principal motor económico de las ciudades, en manos de una minoría que mercantilizó el derecho a la ciudad. Es cuando decimos que el acceso a espacios para la recreación, educación y vivienda está al alcance solo de quien pueda pagar, dejando de ser un derecho fundamental.
El derecho a la vivienda está establecido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, garantizar a la población el acceso a viviendas dignas ha sido una deuda histórica de los gobiernos en el marco del sistema capitalista. En muchas ciudades, ha sido el propio pueblo mediante la ocupación de espacios urbanos y la autoconstrucción el que ha resuelto, no precisamente en las mejores condiciones, la necesidad de vivienda.
Otro mecanismo al que accede la población para conseguir una vivienda ha sido el de arrendar. Por esta vía, las familias pueden ocupar viviendas con mejores condiciones en cuanto a servicios se refiere, pero implica a su vez que parte importante de sus ingresos económicos se dirige a pagar el alquiler de un espacio que, en cualquier momento, por voluntad del propietario, pueden perder.
En Caracas existen propietarios; no dueños de uno o dos apartamentos, sino dueños de edificios enteros. Y no de un edificio o dos, sino dueños de varias decenas de edificios. Es decir, en Caracas cientos de familias pueden vivir alquiladas en apartamentos de un propietario determinado. Es bajo este esquema que, por años, miles de personas fueron desalojadas a la fuerza sin ningún tipo de protección a sus derechos, quedando despojadas de una vivienda digna. Esta realidad aún se vive en muchas ciudades del mundo, donde se impone el sistema neoliberal, y los gobiernos protegen intereses económicos y no los derechos del pueblo.
Dentro del proceso revolucionario que vive nuestro país, para el año 2002 un grupo importante de familias se organizó ante la arbitrariedad de los injustos desalojos de los que eran víctimas. Nació de esa organización el Movimiento de Inquilinos. Igualmente en otros frentes de lucha, también por el acceso a la ciudad, fueron surgiendo nuevos movimientos populares, con proyectos importantes para la transformación de las relaciones sociales en la ciudad como parte de la construcción del socialismo. Estas organizaciones, hoy agrupadas en el Movimiento de Pobladores, han dado frutos importantes, incluso en el marco jurídico. Gracias a estas luchas hoy en nuestra Caracas el derecho a la ciudad y la vida NO se alquilan al neoliberalismo.

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