Foto José Antonio Cotallo_1

LA TRAMA COTIDIANA / POR RODOLFO PORRAS

Para la gran mayoría de los venezolanos la Semana Santa significa asueto, principalmente jueves y viernes, así que ni es semana ni es santa. Pero en algún tiempo que podría decirse cercano, era una celebración solemne. Implicaba una dieta, un comportamiento, una consecuencia con las ceremonias, un olor callejero a incienso, procesiones, trajes, velas, votos religiosos de todo tipo, promesas pagadas o por pagar. Los medios de comunicación bajaban un poco su alharaca y el fondo musical tanto en radios como en televisores era de música no religiosa pero sí académica y clásica, por lo que mucha gente cuando escuchaba cualquier pieza de Beethoven, Mozart y hasta los mismísimos Carmina Burana, decía que esa era música de Semana Santa.

Todos esos actos religiosos, todos esos olores y prohibiciones, son altamente teatrales no solamente porque su forma así lo indica, sino porque intrínsecamente hay una estructura dramática en toda la historia que se cuenta durante la semana y hay una puesta en escena que se lleva a cabo durante los días de celebración. La gente que participa en los ritos actúa y simultáneamente es espectadora.

La semana comienza y así se representa el Domingo de Ramos, aquí las puestas en escena son múltiples y siempre dentro del ámbito de lo sagrado. Desde un actor que hace de Jesús el Cristo, que entra al escenario callejero montado en un burro que hace de burro histórico, hasta unos palmeros que traen palmas del Ávila (en Caracas), pasando por un sacerdote que bendice las hojas terminando por la gente que cuelga una cruz en su casa hecha con la palma bendecida.

Así cada día de la semana se celebra y se representa los días en que en el Nuevo Testamento se cuenta la gloria, la decadencia, el enjuiciamiento, el encarcelamiento, la tortura, la muerte y la resurrección del Dios de los cristianos.

Los espacios escénicos se han ido reduciendo y mientras en los pueblos y ciudades se sigue representando estos actos, las playas se llenan de gente que come, bebe, baila, se baña, se besa, se mete mano, es decir todo lo que es profano.

No hay nada más teatral que el montón de gente vestida de morado, caminando por el centro, o las procesiones en las que se hacen cantos y rezos que recuerdan los primeros ritos de las incipientes civilizaciones, que derivaron, por lo menos en Grecia, en las tragedias. Porque el teatro, de manera similar como ocurrió con la Semana Santa, perdió carácter religioso y ganó en diversión y cotidianidad.

ÉPALE 171

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