Colgada de un barranco está Altagracia

Colgada de un barranco está Altagracia

¿QUÉ HACE A UNA PERSONA AMAR SU TERRUÑO? ¿DEBE QUERERLO PORQUE SÍ O PUEDE RENUNCIAR A ESE LAZO TELÚRICO? A VECES SOLO SE PUEDE SER DE LA TIERRA QUE NOS HABLA

POR MERCEDES CHACÍN

“Nostalgia” es una linda palabra. Ah malaya quien pudiera llamarse así. Otilio Galíndez escribió Pueblos tristes. Joan Manuel Serrat, Pueblo blanco. Dos canciones, dos autores, dos países, dos pueblos. La nostalgia llegó a la reunión de pauta de Épale CCS y surgieron varios temas: suplementos, canciones, sitios de Caracas… ¡sitios de Caracas! A veces la nostalgia llega de forma caprichosa. Galíndez, Serrat. Un pueblo triste, un pueblo blanco. Mi pueblo es felicidad. Mi pueblo es sinónimo de nostalgia. Es mi nostalgia… pueblerina.

Altagracia de Orituco no me vio nacer, aunque yo sienta que sí. Nací en una parroquia caraqueña, San Pedro, de la cual no tengo ningún recuerdo infantil. El Hospital Clínico Universitario fue mi partero. Y mamá, que ya había parido cuatro, decidió viajar siete horas hasta Caracas a buscar su título de “normalista” con una barriga de casi ocho meses. Así fue como mi gentilicio mutó.

LA NOSTALGIA, VALGA EL RECURSO FACILÓN, CORRE A BORBOTONES EN MI CABEZA. CUAL RÍO INOFENSIVO

No siento nostalgia de Caracas, aunque mamá me parió en el hospital que queda en la parroquia donde está la Universidad en la que años después estudié una carrera. ¿Cómo se puede sentir nostalgia de las residencias estudiantiles? Qué va. Nostalgia, lo que se dice nostalgia, pues no. Llegué a Caracas con 16 años, en 1981. Tengo algunos recuerdos felices de Caracas, de mi segunda juventud. ¿Será que la nostalgia la producen las hormonas de adolescente?

La calle Ilustres Próceres

La calle Ilustres Próceres

En Altagracia de Orituco y sus cercanías fui feliz. La nostalgia, valga el recurso facilón, corre a borbotones en mi cabeza. Cual río inofensivo. Los ríos eran una fija los sábados. Primero en el camión de mi abuelo Simón. Luego en los carros que compró papá. De agencia, porque “mujer viuda y carro viejo caen en manos de pendejos”, decía siempre. Es un chiste de risa fácil, cual borbotones inofensivos, pues. Memo, Los Dos Puentes, Orocollal, Guatopito, Agua Blanca, El Aliviadero. En los ríos jugué con piedras que sobrevuelan los ríos, aguanté la respiración hasta salvar la vida, pescaba corronchos debajo de las piedras, conseguí sembradíos de berro, vi morir iguanas por sacarles los huevos y me daba maletazos en los pozos que casi nunca eran hondos. Recuerdo mi risa cuando el maletazo era de otro.

NOSTALGIA ENTREVERADA

Jugar "Pisé" era una fiesta

Jugar “Pisé” era una fiesta

Colgado de un barranco / duerme mi pueblo blanco / bajo un cielo que a fuerza / de no ver nunca el mar / se olvidó de llorar. No hubo tiempo de llorar. Había que jugar con muñecas de papel. Había que volar papagayos, recoger monte para los conejos y los morrocoyes. Había que jugar pisé. Había que ir al parque de la Vereda 1 del Banco Obrero y a la heladería Atenas a sentir los cosquilleos propios de la sexualidad elegida (o sentida). Había que jugar volibol para viajar fuera del pueblo, que ya lo veía chiquito desde que yo era chiquita.

Y las muñecas de papel un fiestón

Y las muñecas de papel un fiestón

Qué piensa la muchacha que pila y pila,/ qué siente el hombre torvo junto a la vieja/ qué dicen campanas de la capilla / en sus notas que tristes parecen quejas. El mango es, tal vez, la mata más moneada y más sabrosa. Le siguen la de tamarindo y guayaba. Sin olvidar a la sofisticada granada. Salir a buscar frutas detrás de la casa siempre fue una aventura fructífera, redundancia facilona que da cuenta de algunos orígenes de palabras inadvertidos.

Y las muchachas hacen bolillos / buscando, ocultas, tras los visillos / a ese hombre joven / que noche a noche forjaron en su mente /fuerte pa ser su señor y tierno para el amor. La sexualidad llegó dentro de escaparates, llegó con los besos torpes de un niño en una acera en penumbras, con los de un adolescente que nunca se atrevió a más, con el desamor tempranero de lo que nunca fue, con la admiración que luego se convirtió en ganas, con las preguntas sin respuestas y las lecturas reveladoras, con el café con leche con pan dulce y con las fiestas en la Casa Canaria al ritmo de Memo y la Dimensión Latina.

Y bailar salsa un éxtasis

Y bailar salsa un éxtasis

Y esa luna que amanece / alumbrando pueblos tristes / qué de historias, qué de penas, / qué de lágrimas me dice. Y la nostalgia, como ya se dijo, es felicidad. La nostalgia es extrañar con dulzura, con un sonrisa casi completa, que nunca llega a carcajada; con una sensación de que hace falta sentirla más, que se quede, que no se vaya. En mi pueblo cuando se iba la luz no había sobresaltos, los niños y las niñas salíamos a contar estrellas y a buscar las más luminosas, las tres seguidas, las que están amuñuñadas, las que aparecen y se van. Cuando la Luna alumbra las demás luces se esconden. E ilumina corazones felices.

AMOR ES…

El album de barajitas Amor es... lo más cursi de llenar

El album de barajitas Amor es… lo más cursi de llenar

Cuando la nostalgia llegó a Épale CCS fue desde y por Caracas, desde y por la cultura; digamos, cosmopolita; digamos, citadina. La Altagracia de mi nostalgia no contaba con más de cincuenta mil habitantes. La Altagracia de mi nostalgia tenía cuatro salas de cine. Una se llamaba Bolívar y otra Libertador, donde proyectaban pornografía. En la Altagracia de mi nostalgia había misas de aguinaldo y nos divertía dar una vuelta al pueblo en un carro, con una cerveza en la mano. En la Altagracia de mi nostalgia las rumbas de los vecinos eran con la música de Billo y las tardes se llenaban de las canciones llaneras que, escuchadas de solar en solar, de patio en patio, eran una fuente inagotable de poesía. En la Altagracia de mi nostalgia el poder popular organizaba torneos de básquetbol y volibol donde brillaron héroes que levantaban suspiros que se quedaban colgando en cestas de tres puntos y remates clavados imposibles de interceptar.

En la Altagracia de mi nostalgia hay felicidad reposada, felicidad con olor a mango y a saliva nerviosa. En la Altagracia de mi nostalgia no hay lugar para la tristeza, porque allá llené varias veces el álbum de Amor es..., que es la cosa más cursi y feliz que he coleccionado. Y el amor es… las más grande e indescifrable de las nostalgias.

ÉPALE 279

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