SEGÚN EL COLOR

SEGÚN EL COLOR POR MERCEDES CHACÍN

Había mujeres más bien marroncitas y café con leche. Había hombres también con los ojos vidriosos. La misma tonalidad en la piel. El mismo dolor. Cuando la muerte llega, pega. No importa la vestimenta. No importa si estaba cerca, si se sabía, si se intuía. La muerte llega y ya. La capilla ardiente de Sheila bien pudo hacerse en una plaza, en una calle, en el solar de la casa de un barrio. Sobre el vidrio de su urna un rosario y una Constitución. Sobre la madera de su féretro la bandera tricolor con ocho estrellas. “Que la muerte pierda su asquerosa y brutal puntualidad / pero si llega puntual no nos agarre muertos de vergüenza”, son versos de Benedetti que siempre me acompañan cuando, además de puntual, la muerte lacera. No importa la circunstancia, muerte, pero sí importa que se haga justicia. Se hará, Sheila.

ÉPALE 251

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