ÉPALE245-PICHONES

POR NATHALI GÓMEZ •@LAESPERGESIA / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

ÉPALE245-PICHONES 4El espacio para hablar de la comida colombiana y de los nexos inextinguibles con la tierra de mi madre dan para un pichón autobiográfico, que no es este. Sin embargo, con todo eso pendulando en la cabeza decidí que escribiría sobre El Rincón Paisa, un pequeño local de Candelaria que tiene unos 40 años. A primera vista, está lo que todos buscan en el mostrador: los buñuelos, los pan de bonos, las empanadas vallunas, las caribañolas, el chicharrón y la morcilla. Un desfile de frituras que los médicos prohíben, pero los pacientes anhelan. Los fines de semana los comensales se desbordan del local. Todos tienen ansias por morder un trozo de empanada o de ÉPALE245-PICHONES 3buñuelo: la cura para cualquier mal, aunque quienes coman sanamente digan lo contrario.

Carmen Colina, una mujer barranquillera que llegó a Venezuela en 1973, se sienta a una mesa y habla de su experiencia en este negocio donde ya casi no quedan colombianos. En total hay diez trabajadores, entre los que cocinan y los que despachan. La sazón, en este caso, fue transmitida por los que se fueron a los que se quedaron. Al primer bocado se detecta ese sabor asociado con Colombia: el condimento en polvo llamado triguisar, que da un color amarillo característico a las preparaciones de la gente sencilla, como uno. Está dentro de las empanadas, las papas rellenas y las caribañolas.

ÉPALE245-PICHONES 1Un par de colombianos jóvenes, por su acento marcado, se sientan a nuestro lado. Piden un combo que va dentro de una bandejita de plástico y comienzan a comer, quién sabe si con nostalgia o con hambre. En medio de la conversación, un hombre vestido con ropa deportiva pide en el mostrador una “barra enérgetica”. Sin entender la razón de una petición tan light, sigo escribiendo. Rato después, mi compañero de desayuno llega con un plato humeante donde hay dos listones de chicharrón. Aprendo a engullirlo como debe ser: con el crujir de la carne tostada de fondo.

A El Rincón Paisa llegan personas de otros  lugares de Venezuela que han escuchado hablar sobre el local, donde siempre hay música de fondo de exponentes de la salsa colombiana o del vallenato. Uno de los muchachos de la barra, que tiene una asombrosa delgadez, nos dice a Michael y a mí que aunque ha tenido subidas del colesterol LDL (el llamado malo), en algunas oportunidades, sabe que nunca va a engordar porque cuando era pequeño, accidentalmente, engulló un trago de gasolina y eso, según él, siempre impedirá cualquier aumento de peso. En algún otro pichón del futuro hablaremos de lo que implica morder un buñuelo humeante, en cualquier circunstancia de la vida, y rendirse a su corazón acolchado y lleno de queso derretido. La comida colombiana, sin importar el plato de donde salga, siempre ha salvado almas.

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