POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

ImprimirNada como un amor imposible para ponerle este bolero; aunque también hay algunos posibles, con obstáculos de diversa índole, que les cae al pelo… Si nos dejan, buscamos un rincón cerca del cielo. Si nos dejan, haremos con las nubes terciopelo. Y allí, solitos los dos, cerquita de Dios, será lo que soñamos. Si nos dejan, te llevo de la mano, corazón, y ahí nos vamos. A los 20 años era un tiro al suelo para novias con “familia asfixiada”, como la de “Ligia Elena”. De las dedicatorias que anuncian los cronistas, si cortaste o te dejaron, y sigues tras ese gran amor, dedícale “Si nos dejan”: una canción para volver a conquistarse y jurarse amor eterno: Yo pienso que tú y yo podemos ser felices todavía…

Este bolero surgió de una apuesta que hicieron Álvaro Carrillo y José Alfredo Jiménez, en la que José Alfredo componía un bolero y Álvaro Carrillo una ranchera, de allí salieron este “Si nos dejan” y “Luz de Luna”. José Alfredo Jiménez dedicó sus canciones a sus muchas mujeres, entre Paloma Gélvez (su primera esposa) y Alicia Juárez (la última) estuvieron unas cuantas divas del México aquel. “Yo debí enamorarme de tu madre” fue compuesta (cuando tenía 40) para Alicia Juárez (de apenas 16), mujer de la que se enamoró perdidamente y a la que terminó entregándole sus últimos años. A Irma Dorantes le inspiró “Muy despacito”; para Irma Serrano “Te quiero, te quiero”; a Lola Beltrán le cantó “¡Qué bonito amor!”; “Amanecí en tus brazos” la escribió para Lucha Villa; y a Columba Domínguez le escribió “Si nos dejan”, que cantada por él mismo es, para mí, la mejor versión.

Este bolero ranchero de José Alfredo Jiménez nos trajo algunos amores, y los que no nos trajo también fueron gozados, porque a los 20 años lo que no coronas lo vives igual, aunque sea platónicamente. Para mí fue todo un himno de amor y un canto al olvido de doble filo: Si nos dejan, de todo lo demás nos olvidamos. El filo A es el de los enamorados que dejan todo atrás; el filo B es cuando a uno lo meten en ese “de todo lo demás nos olvidamos”… ¡y nos dejan! Jajajá.

ÉPALE 245

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