ÉPALE263-TROTA CCS

Voy a hacerme la ilusión de que con las dos primeras entregas de “Trota CCS”, alguien —aunque sea una persona— decidió comenzar a correr. Supongamos que esa persona logró superar su temor al ridículo (primera entrega) y sobreponerse a los traumas derivados de las clases de Educación Física en el liceo (segunda entrega). Bueno, tal vez el neotrotador está empezando a sentir que correr no es tan doloroso ni tan fastidioso como algunos le habían dicho. Incluso, es posible que esté fiebrúo y quiera ya comerse las pistas de trote. En tal caso, llegó el momento de recomendar lentitud.

“Si quieres correr, no andes a la carrera”, sería la advertencia apropiada. Este juego de palabras es una de las claves de quien quiera asumir el trote como una actividad a largo plazo, quizá para toda la vida. ¿Qué significa esta especie de paradoja? Que solo quien tenga la paciencia de ir lentamente podrá llegar lejos. Esto de ir poco a poco tiene varias dimensiones. La primera es de velocidad, propiamente dicha. Aunque uno se sienta chévere en esta actividad durante las primeras semanas (o mejor, meses) debe olvidarse de correr rápido.

La advertencia hay que tenerla presente todos los días porque la velocidad es una tentación diabólica. Todo ser humano que empieza a correr un poquito tiende a creerse capaz de emular a Usain Bolt, el gigante jamaiquino de las distancias cortas.

La otra dimensión de la necesaria lentitud se refiere a que el plan de trabajo debe ser muy paulatino. Pretender progresar rápidamente es un camino seguro hacia el desastre, que puede tomar la forma de una lesión muscular, una persistente fatiga o una molesta gripe, sobre todo si uno viene de pasar varios años enchinchorrado.

El afán de ir rápido, en algunos casos, toma la forma de un prematuro interés por anotarse en una carrera. Se sabe de casos de gente “parejera” —una palabra muy cómica que decía mi madrina Evangelina, allá en Antímano—, que no han cumplido dos meses trotando y ya quieren inscribirse en una carrera de 10K o hasta en el maratón de Boston. ¡Nooooo, pana, olvídate de esa vaina!

Al deseo de “competir” hay que ganarle la batalla dentro de la cabeza de uno mismo. Es necesario tomar conciencia de que esa es una de esas programaciones que tenemos implantadas en el cerebro. Me imagino el implante como un cable que une a la parte reptil con las más evolucionadas, pues, si bien vencer al semejante nos viene de la animalidad, ¡vaya que la industria publicitaria nos da casquillo! (Por cierto, ¿se han fijado lo filosófica que es la expresión que una bebida energética puso en boca de Messi? El astro del fútbol dice: “Que tu última gota de sudor no sea la definitiva”… ¿qué habrán querido decir?).

PASOS Y ZANCADAS

Récord nacional de medio maratón. Por debajo de la mesa ha pasado un acontecimiento que debería tener relevancia en el mundo de los que sí compiten (¡muy en serio!) en este campo de las carreras: el atleta criollo Luis Orta batió el récord nacional para la distancia de 21 kilómetros. Esto pasó a mediados de enero en el Medio Maratón de Houston, en el que Orta paró el cronómetro en 1 hora 3 minutos 35 segundos. Esto supera en dos segundos la marca anterior que estaba, desde 2001, en poder de Pedro Mora, y que fue de 1 hora 3 minutos 37 segundos. Orta es maratonista olímpico, pues participó discretamente en la cita de Río de Janeiro 2016, pues terminó el recorrido (que es, de por sí, un logro) en el puesto 106. Todo indica que la distancia que se le da mejor es la de 21K, pues el mismo año de las Olimpíadas había logrado su mejor marca personal (1 hora 5 minutos 3 segundos), cuando ganó el Medio Maratón de Birmingham, Alabama.

En la próxima entrega: “¿Con o sin compañía?, ¡viva la diversidad! (notas sobre un deporte para solitarios, parejas o cambotes)”.

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