ÉPALE 223 CIUDAD

YA LAS NOTICIAS, COMO AQUELLA FAMILIA, NO SON NOTICIAS YA. ESTAMOS EN UN MOMENTO LLENO DE ACONTECIMIENTOS, PERO LA REALIDAD SIEMPRE SUPERA A LA FICCIÓN

POR GUSTAVO MÉRIDA • @GUSMERIDA1 / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA • @REALMONTO

Todo sucede tan rápido que no da tiempo de hacerlo todo, si es que eso fuese posible. Un día antes, una cola cualquiera presagiaba ese clima que inspiró el guión del filme El acorazado Potemkin, si es que eso fuese posible. Y de la noche a la mañana, al principio de esta semana se realizó una marcha que duró toda la mañana y durante la cual Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, caminando sin resuello y conversando (“¡una guará!”, dijo el alcalde un par de veces) durante el kilómetro completo, desde Unearte, en Bellas Artes, hasta San Francisco, pasando cerca del Nuevo Circo, terminó en rumba y guarapa, en disuasión y sin tensión.

Un zuliano supo y se trajo 200 jojotos, a 700 cada uno. Como en toda movilización, es propicia la ocasión para vender en camisón cualquier artilugio de ocasión, y es así como se veían banderas y cotufas, peras y guayabas, chicha, limonada, y por si acaso fuera nada, una linda muchachita vendía un algodón que de azúcar no tenía sino el nombre de algodón, y aunque eso fuese incierto no me importa porque yo no soy el que esto escribe sino que me dicta el señor.

Un señor que oigo raro, imprevisto y preguntón, que me vio viendo raro una arepa del montón, porque aunque es sabrosa y muy barata este tipo es criticón, y se queja porque solo había ensalada y jamón, queso blanco, diablito y uno que otro saborcito que justificaba el ofertón: 1.200 si era el combo, 2.000 bolos si eran dos, pero el tipo criticón, que se queja sin razón, viene y echa en falta el pernil, la reina pepeada y el salmón, y sale hablando pestes de la arepa móvil que el Gobierno le inventó pa’ que coma cuando marche y se aleje del montón, que usa como excusa que “a mí no me dan mí ración”.

A las 9 de la mañana no arrancaba la movilización, pues la gente no llegaba y ya Caracas se arrechaba con las trancas y el colón. Pero es que así son las cosas en este intento de Revolución: unos bajan y otros suben y en un vaivén de excepción este movimiento rápido lo lleva a uno, si no se avispa, a ser uno más del montón, de ese montón de gente que se cree todo lo que dicen los medios de comunicación, aunque a veces eso se parezca a una plasta de mierda de perro que uno pisa con el talón, pero uno se lo limpia sin limpiarlo por el apuro, y es por eso que a usted le asquea tanta noticia falsa que usted cree por güevón.

ÉPALE 223 CIUDAD 2

La leyenda no hace falta

Y es por eso que aquí sigo, en la marcha en cuestión, aunque miento como siempre porque es obvio que aquí estoy, escribiendo en redacción mientras el presidente Maduro está en Apure y atardece y hace falta un traguito y otras cosas para que todo fluya, sabrosón.

Sabrosona fue la marcha, sabrosona con sabor; sabrosita es la cosa, sabrosita con amor, porque somos vergatarios y ese es otro cuentón, pero no lo cuento ahora para que no me digan echón.

Imagine que usted es una cámara y siga atento la indicación: póngase cerca del piso, viendo nada más los pies del montón; ese otro, el pelabola, el chancletúo, el ladrón, porque todos hemos robado en esta tierra, ¡sí, señor!; y si no me cree hágase esta pregunta y no escurra el bulto cual opositor: ¿es verdad que usted dormido ha soñado con el Dios? Ese Dios que todos hablan, ese Dios que dice adiós cuando en Siria cae una bomba, otra, de esas que matan a dos.

A dos niños de cualquiera, pueden ser los míos, ¡cómo no!, pero si usted cree que los suyos se salvan porque usted votó por esa asamblea come mierda, que lo que quiere es que usted, o yo, como los propios güevones, nos muramos y ellos no.

MALDITOS

Pero no está bien la violencia y ¡maldito!, lo admito, suena feo, digo yo, como feo suena el cráneo de un niñito que crujió bajo el fuego enemigo que como “daño colateral” nombró.

Y es que hay gente, lo repito, que se cree el mojón que una invasión es solo pa’ salir de Maduro “y a mí no me pasa nada porque tengo visa gringa y yo me salvo y ellos no”.

ÉPALE 223 CIUDAD 1

“Esta es la libertad que nos trajeron”

En este texto debe estar —y lo aclaro, por favor— una foto bien bonita de una estatua libertaria que un señor, bombardeado, y brumado, con sus manos construyó, con los restos de su casa que la guerra destruyó. Vean el arte, el diseño, las formas y el color; ¿se dan cuenta, lo perciben, o lo ignoran sin razón? Es la muerte diagramada en un lindo armazón, que traduce y te advierte que no es montaje ni mojón: son los restos de una guerra que no cesa, que está lejos y que no importa porque un millón, se dice fácil y se escribe más fácil; pero son cadáveres, compañero, que si usted amontona en un montón le alcanza para cubrir el mundo, pero eso no sirve, ¡por favor!, quiero hacerme una selfie y de eso no se habla porque Irak está lejos y a esta altura, ¡qué fastidio!, el imperialismo es aburrido y la cola lo es más, así que me voy, jódanse ustedes, cuerda de güevones que yo, apenas pueda, me voy.

Y es entonces que seguimos, o volvemos a la marcha y marchamos saludando al conocido y al que no. Y otra vez entonces cuando nos paramos frente a la casa de la Fiscala que dijo lo que dijo, o que se desdijo con aplausos apurados y ensayados que dan asco, o tal vez no, eso depende de cuánto quiera usted que ella siga diciendo lo que le conviene a quien escuchó: si es usted de los que cree que ella es digna y ahora no, o que ella era antes pero ahora como que no, que si esto o lo otro o si ella me embarcó, yo le digo, compañero, eso ya pasó. Es mejor seguir marchando y trabajando y a ella le digo —si no ahora, cuándo, ¿no?— que se acuerde en febrero del 14 las peñonas que recibió y compare, rapidito, con los cantos de ese martes 4 de abril, que ya es cuento viejo porque ahora, mientras lee, algo malo está planeando ese tanque de pensamiento que algo malo pensó, porque por eso les pagan y si algo ellos saben, y nosotros no, es tomar la iniciativa en esta guerra de ya no se sabe cuál generación.

ESPERANZA

Un descanso me propuse pero quien dicta no. Es por eso que aquí sigo contando con dolor cómo algunos compatriotas no se sientan a pensar qué vaina es esa de dejar que otros vengan a mandarnos, como si la sangre de Bolívar o de Paéz, no importa que sea traidor, o la sangre del pobre pelabola que se parece a usted tanto como me parezco yo; no crea usted que no se parece a un negro o a un catire porque yo me acuerdo, como hoy, de una foto de unos cuerpos de distinto color: todos estaban destrozados por otra bomba, fragmentaria y arrasante como esas bombas son, y toditos los cuerpitos mostraban, a color, ese tono blanquecino de los huesos más larguitos que eran fémures. Si me cambió el consonante, yo se lo puedo cambiar.

ES QUE HAY GENTE, LO REPITO, QUE SE CREE EL MOJÓN, QUE UNA INVASIÓN ES SOLO PA’ SALIR DE MADURO “Y A MÍ NO ME PASA NADA PORQUE TENGO VISA GRINGA Y YO ME SALVO Y ELLOS NO”
_

Y así llegamos al final de otra marcha improvisada, convocada de la noche a la mañana y que hizo que empezara la semana que hoy termina, como empiezan las semanas cuando Chávez las ilumina. Porque aunque usted no supo lo que pasaba en la marcha mencionada, porque no marchó en la misma, queda usted pendiente de ir a cualquiera que convoquen, porque sí hay que estar en la calle enseñando los dientes, disuadiendo y dialogando pero aquí me salto la rima de Diosdado porque es obvia y traída por los pelos, y es injusto, compañeros, que yo hable del mazo sin mencionar el diván al que van los que van y el alcalde sigue escribiendo en esa pizarra de marras donde la letra es choreta y nunca se entiende nada, pero eso es otro tema y tampoco es un problema porque letra de doctor no la entiende ni… a menos que sea cubano, porque esos sí, mi hermano, saben lo que es pasar roncha: no nosotros, que nos quejamos porque el tiraje bajó e imprimimos veinticinco “¿mil?”, preguntó el cubano sorprendido y maravillado porque, según esas cuentas, son cientos de miles los que leen la revista, aunque esta no esté lista y no salga, como pasa, cuando entrevistamos al Diablo y uno sigue aquí escribiendo, como cuando no pasa nada, mientras creen algunos que ninguno va a morir si nos invaden, porque ser una amenaza solo pasa antes que suceda que el imperio con su meta contraataque, porque es obvio que en la OEA la pelea es para joder a Venezuela y si usted se agüevonea y no da la pelea y se aburre y se marcha, en lugar de hacer algo con la frente (en alto)y que se lo cuente a la gente y nunca tenga que cagarla y bajarla arrepentido, porque no hizo lo que tenía que hacer cuando hacía falta, que es ahora, sin demora, porque o inventamos o erramos y el mañana es ahora.

 


 

EL TIEMPO PASA POR MERCEDES CHACÍN

Hace casi 30 años, cuando el número de personas que asistían a una marcha era inversamente proporcional al número de volantes que se repartían, no existían las múltiples formas de comunicación que hoy existen. Los medios de comunicación con los que contaba el movimiento estudiantil eran muy pocos, tan pocos que solo recuerdo uno constante: Tribuna Popular, órgano comunicacional del Partido Comunista de Venezuela (PCV). De vez en cuando circulaba otro llamado La Chispa, del Partido Socialista de los Trabajadores, vocero del trotskismo, cuyo líder máximo es el hoy vociferante sin brújula ni coherencia Alberto Francheschi. En tres décadas la situación comunicacional ha cambiado. Y mucho. Los medios de comunicación, sin ir muy lejos, remember abril de 2002, tumban gobiernos, adoctrinan y arengan multitudes.

Hoy los seguidores de casi cualquier mortal en Twitter, incluyéndome, modestamente, pueden pasar de miles. La gente hace catarsis por las redes sociales, dice lo que piensa, pero también le dicen cómo pensar. La gente hace catarsis pero también le construyen una realidad que no es tal. En esta edición de Épale CCS hay varios trabajos sobre el tema.

Comentaba al principio que, para que  asistieran, en la década de los 80 del siglo pasado, 5.000 personas a una marcha había que repartir muchos volantes en las puertas de la Universidad Central de Venezuela. Muchos, miles. Y había que hacer muchas visitas de curso, muchas, para convencer a los apáticos estudiantes de que había que luchar por: el pasaje estudiantil, las becas y los cupos. Y por algo que jamás hemos abandonado: el derecho que tiene los pueblos a su libre autodeterminación.

Aquellas marchas siempre terminaban en el Congreso Nacional de la República, que así se llamaba para la época. Eran dos cámaras, valga decir para quienes no lo saben. Una de senadores y otra de diputados. Casi el cien por ciento de los parlamentarios eran de los partidos Acción Democrática y Copei, lo cual hizo que le llamaran “La Guanábana”.

Este martes 4 de abril de 2017 asistí a una marcha. Terminó en la esquina de San Francisco, la misma a la que tantas veces llegamos hace 30 años, no sin antes recibir ataques de todo tipo de las fuerzas de seguridad de entonces. Es la misma esquina y la composición de la Asamblea es casi la misma. Es la misma derecha, que ahora es de mayoría amarilla, negra, naranja… es la misma invocación a la intervención extranjera, es la misma injerencia contra la que protestaba hace 30 años.

No nos alegra lo que pasa en el país y el peligro que existe de que la bota extranjera, la del insolente invasor gringo, nos golpee. Como ha golpeado a tantas naciones hermanas en América y en el planeta. Tampoco nos alegra que, gracias a la hegemonía comunicacional de la derecha, haya gente que crea que la OEA quiera salvarnos de algo. Cuando la verdad, esa que es tan escurridiza y que ahora está llena de bytes y megabytes, es que quieren sacarnos las tripas. El tiempo pasa, la derecha queda. Sigamos.

ÉPALE 223

Artículos Relacionados