Siete décadas de Voces Risueñas arrullan al Niño Jesús

ESTE VIERNES, LA AGRUPACIÓN EMBLEMÁTICA
DE CARAYACA CELEBRA SU 70 ANIVERSARIO
CON UN CONCIERTO STREAMING

POR NATCHAIEVING MÉNDEZ • FOTOGRAFÍAS ARTURO MORENO

Cuentan que Carayaca, población del estado La Guaira con fuerte arraigo de la cultura originaria venezolana, era uno de los asentamientos de la etnia tarma o taramas. Ocupa más de 40 % del territorio del estado y se dice que es la parroquia más grande de Latinoamérica. Pero más allá que datos históricos y geográficos lo que distingue a esta localidad de otras es el arraigo de sus tradiciones y expresiones auténticas; las Voces Risueñas de Carayaca han tenido gran responsabilidad en esto desde hace 70 años.

Con sus trajes coloridos, voces afinadas, instrumentos sincronizados en perfecta armonía y sus más de 300 aguinaldos y parrandas, esta agrupación ha recorrido diversas latitudes del mundo enalteciendo la cultura popular venezolana. Pero más que los caminos andados, lo que hace especial a las Voces es que son fiel muestra de lo que significa ser de Carayaca: una población unida, hermanada, auténtica y de talentos musicales.

En Carayaca “todo el mundo canta”, así lo refiere Lorel Rodríguez, integrante de la agrupación desde antes de su concepción, pues su abuelo Luis Pérez Padilla, junto a Tirsa Álvarez, José María Álvarez y Jesús Mayora, fueron quienes en 1950 decidieron armar esta agrupación para cantar en las misas de aguinaldo. Desde entonces, casi todo el pueblo o ha pasado por la agrupación o tiene familiares que lo han hecho, y aunque nuevos ritmos puedan escucharse en las calles de la localidad, el aguinaldo y la parranda ya son parte del ADN de sus pobladores.

Al inicio, la agrupación tocaba canciones del conjunto caraqueño de aguinaldos Jesús María y José, pero luego fueron creando sus propias canciones y difundiendo las expresiones musicales de su parroquia. Una muestra de su labor como embajadores de Carayaca es la pieza “Preparen la mesa”. Esta pieza es célebre entre las agrupaciones aguinalderas y parranderas; proviene de la manifestación La Parranda del Niño, en Tarma y es organizada especialmente por la familia Capote. “Nosotros la cantamos en todos los escenarios que podemos porque somos devotos al Niño Jesús y es una manifestación del pueblo de Tarma”, destacó Rodríguez.

HERENCIA MUSICAL QUE SE FORTALECE

Cuando uno escucha las Voces Risueñas de Carayaca, escucha más que una agrupación: presencia una forma de vida, sentimientos, creencias, devoción e historia. Por algo en 1983 fueron declarados Patrimonio Cultural de su estado y en 2014 Patrimonio Cultural de Venezuela. No es para menos, la labor de esta agrupación no sólo es llevar música: también han orientado su campo de acción a educar sobre la música e historia de las manifestaciones culturales venezolanas.

“Los aguinaldos son herencia de los villancicos españoles y que, a su vez, fueron criollizados por compositores de la escuela nacionalista guiados por el maestro Vicente Emilio Sojo”, explicó con seguridad Rodríguez, quien forma parte de la tercera generación de Voces Risueñas, que tiene una importante preparación en el ámbito musical, aspecto que ha sido influenciado por la actual directora de la agrupación, Loreley Pérez Évora.

Es por esto que cada presentación de esta agrupación es como presenciar una clase magistral y sublime de la historia musical venezolana. Más allá de cumplir con su rol originario decembrino, el trabajo de formación e investigación constante es parte de su dinámica grupal. Por ello que su labor dura todo el año, teniendo como meses de mayor actividad mayo (Velorios de Cruz), junio (San Antonio) y, por supuesto, diciembre, comentó Rodríguez.

MÁS QUE AGRUPACIÓN, FAMILIA

Rodríguez no titubea cuando expresa: “Las Voces Risueñas de Carayaca son mi familia y un tesoro que guardo en mi corazón donde quiera que voy. Ellos son mi orgullo”. Difícil que fuese de otra manera. Es posible que aquellas voces que hace 70 años decidieron unirse para cantarle al Niño Dios, nunca imaginaran que también cantarían a muchos niños que luego, como Lorel Rodríguez, lo acompañarían con su talento cantando sus alabanzas y sus parrandas de calle, que llaman a los valores más nobles para la buena convivencia.

Esta historia no para. Rodríguez confiesa que su pequeño hijo de 1 año aprendió primero a cantar que a hablar. “Nuestros papás son de la segunda generación; nuestra infancia fue crecer arrullados por los aguinaldos, las parrandas, levantarnos de madrugada para las misas de aguinaldo con ellos”, relató.

El abuelo Pérez Padilla fue el director original y cedió la batuta a la “Tía” Tirsa, y posteriormente a Loreley,quien aprendió a tocar en el cuatro los aguinaldos de una forma particular, similar al merengue caraqueño. Sus conocimientos en música, canto, baile e historia de las manifestaciones venezolanas son impartidas en diferentes ámbitos, como la Escuela Robinsoniana de Artes de Carayaca, el Centro Formación de la Casa de las Voces y cualquier calle, tarima o casa a la que lleguen.

Si bien esta labor y muchos proyectos se vieron obstaculizados por la pandemia, Las Voces no se dejaron de escuchar y desde sus cuentas oficiales, durante todo este tiempo de cuarentena, mostraron la belleza de la ejecución de los diversos instrumentos musicales.

Siete décadas cumplen las Voces Risueñas de Carayacas y, lejos de quedar en una época pasada, celebran desde los nuevos espacios que la actualidad exige. Son guardianes de la tradición y el amor por la cultura popular y tradicional venezolana. Hoy lo harán en un concierto streaming que, tal como lo mencionó Rodríguez, les causa mucha emoción, pues llegarán a otras localidades del mundo, donde disfrutarán de los valores más auténticos de nuestra gente, que siempre se mantendrán mientras existan voces que lleven con orgullo la esencia del ser venezolano. Más na… ¡Saravá!

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