POR MARIELIS FUENTES @MARDALUNAR / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE293-SOBERANÍAS SEXUALESCuando pasa la erección se acaba la diversión, las lesbianas no tienen coito porque no hay penetración, premisas muy populares aunque poco ciertas. Pues el cuerpo femenino es un campo minado de zonas erógenas independientes del estímulo fálico.

El psicoanálisis del siglo XX y su padre, el psicólogo Sigmund Freud, extendieron la visión de que el mundo giraba en torno al pene. Freud dividió la sexualidad humana en dos: según la presencia o ausencia del órgano viril. El poseedor del pene, según Freud, era el dueño de los deseos y la satisfacción sexual; por el contrario, la ausencia de pene era sinónimo de castración y automática dependencia sexual. Así nace la teoría de la envidia del pene que, se supone, nosotras las mujeres arrastramos a lo largo de nuestra existencia.

¿Envidia?, ¿en serio?, aclaremos varios puntos. El único órgano del cuerpo humano que tiene como exclusiva función proporcionar placer es el clítoris y se encuentra en la vagina, órgano genital femenino, sí, fe-me-ni-no. Este pequeño, que en realidad es mucho mayor y poderoso de lo que se cree y conoce, está ubicado por encima de la abertura de la vagina, su parte visible o glande mide entre 0,5 y 1 cms pero su magnitud real es de 9 a 12 cms a lo interno del cuerpo de la vulva, en forma de búmeran y cuenta con más de 1.800 terminaciones nerviosas. Por el contrario, el pene posee escasas cuatro terminaciones nerviosas.

Se suele creer que existe un orgasmo clitoriano y otro vaginal. Freud, enemigo número uno del clítoris, extendió la idea llegando a plantear que las mujeres que obtenían orgasmos por medio de la estimulación del clítoris eran infantiles e inmaduras sexualmente, catalogándonos, incluso, de neuróticas por permitirnos semejante descarga de placer. Lo que Freud ignoró entonces y que gracias a estudios actuales sabemos ahora, como los de la psicológa y sexologa Alexandra Hubin, es que no existen varios tipos de orgasmos femeninos sino solo uno: las mujeres, todas las mujeres, llegamos al orgasmo a través de la estimulación externa o interna del clítoris.

Así cae por tierra la teoría de la supremacía del falo, pues lo realmente importante para que una mujer llegue a la cúspide del goce sexual es una buena y creativa estimulación clitoriana, que puede ser proporcionada por ella misma a través de la masturbación o autoestimulación o acompañada ya sea de un hombre o una mujer, según su orientación o pulsión sexual.

El mito del orgasmo vaginal y la supremacía del pene perjudica no solo a las mujeres que se ven hostigadas por una estimulación insatisfactoria, también los hombres padecen el mito, pues muchos son los que en el otoño de sus vidas, cuando la disfunción eréctil es latente o ante una inminente eyaculación precoz, creen que el mundo se acaba. Existen miles de formas y parajes eróticos no falocéntricos esperando ser descubiertos, que podemos desglosar en un próximo artículo. Por ahora, es importante reconocer a la mujer en su totalidad erógena, en su soberanía sexual; poner empeño a la aventura y dar rienda suelta a la imaginación, destino seguro del clímax. Asunto en el que las lesbianas, por décadas, nos hemos dedicado a dos manos.

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