ÉPALE291-RECONVERSIÓN

Diez años pasaron desde la aparición del bolívar fuerte, cuando se le suprimió tres ceros al valor de la moneda.

El 22 de marzo de este año, en cadena nacional, el presidente Nicolás Maduro anuncia para el mes de junio una nueva reconversión monetaria, que sería postergada y entraría en vigencia dos meses después, es decir, a comienzos del mes de agosto.

A pocas horas de la entrada en circulación del nuevo cono monetario, el imaginario popular ya había decantado la medida esquivando la confusión reinante a través del humor, que pone a prueba los reflejos, dependiendo de la posición política con que se mire.

Así, empezamos a ahogar las soberanas penas: corriendo la coma a todo lo que le echamos números. Si antes había que bajarle 2, ahora le bajamos 0,00002 para diluir la especulación que comienza por el lenguaje. Por ejemplo: “sopotocientas” es una denominación con muchos ceros que aún no es reconvertible. Esta nomenclatura explosiva de la risa nerviosa, en medio de la crisis, ha servido siempre como un catalizador para ambos bandos, disipando las tensiones acumuladas que ha traído la hiperinflación galopante.

El kit lingüístico empleado por la oposición está relacionado con el anacronismo ochentoso de algunas categorías: “paquetazo”, “viernes negro”, “viernes rojo” o “paquetazo neoliberal”. Este último ha sido denunciado por los intelectuales de la derecha, más por ser un anhelo frustrado que por el mal uso del término. De resto, la oposición mantiene el común denominador desde hace 20 años para cualquier acción que en materia económica aplique el Gobierno, así como en cualquiera otra materia: “desastre total”, “desesperación”, “tragedia”, “catástrofe”, “caos”.

El anclaje de la moneda al petro resulta una salida viable a la debacle del sistema financiero mundial, que ha puesto al dólar por debajo de las nuevas economías, un panorama que se vaticina a toda voz. En resumen, podemos decir que aún tenemos un millón de peos, o solo diez cosas por resolver. Por ahora, todo se centra en la economía y algunas veces en el derroche de nuestra manera de decir las cosas.

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