Sobre la sororidad

                           Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                  Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Estos nuevos tiempos apuntan fuertemente hacia el establecimiento de una nueva manera de relacionarnos. Una de las campañas más fuertes que se ha venido desarrollando con bastante visibilización en los medios busca que las mujeres desarrollemos vínculos más estrechos de hermandad, camaradería y solidaridad por el solo hecho de compartir un mismo género así como todos los desafíos que conlleva portar el cromosoma XX en una sociedad mundial eminentemente patriarcal.

Creación de un término

El término que se ha designado para impulsar esta unión lleva el nombre de “sororidad”. La sororidad es la hermandad femenina, en especial ante la desigualdad y discriminación masculina. Es una de las principales banderas del feminismo y busca que existan lazos de mayor ternura y consideración entre las congéneres. Se le conoce como la solidaridad entre mujeres, especialmente ante situaciones de discriminación sexual y actitudes y comportamientos machistas. El feminismo posee su propio concepto de sororidad femenina, diferente del tradicional término “fraternidad” y “hermandad”. Marcela Lagarde, antropóloga e investigadora mexicana especializada en el tema afirma: “La sororidad es un concepto político. La lucha contra el machismo comienza con el apoyo femenino”.

¿Quién inventó la palabra sororidad? La autora feminista Kate Millet utilizó en los años setenta la palabra inglesa Sisterhood, de donde proviene sororidad. El libro Política Sexual de Kate Miller siempre fue un buen referente del feminismo de la segunda ola.

Sororidad es un concepto derivado del latín Soror que significa hermana. Este neologismo se emplea para referirse a la solidaridad que existe entre mujeres que luchan contra las sociedades patriarcales. En 2016 el término «sororidad» se empezó a utilizar en España. Ahora salen en las noticias, frecuentemente, campañas como el “MeToo” o “Yo si te creo”. La RAE en 2018, incorporó en su diccionario este término con la definición: “agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo”.

De la teoría a la praxis

Es bien sabido que a pesar de que muchas mujeres hemos sido víctimas de toda clase de desmanes sociales, familiares y sociales, es más común ver la solidaridad masculina automática. Curiosamente, es bastante frecuente observar una mordaz competencia entre las mujeres: en ocasiones, por la atención y el afecto de un hombre. Otras veces por la ambición de obtener notoriedad, reconocimiento y estatus. Si bien en la mujer la tendencia hacia la solidaridad es una virtud natural, el deseo de competencia también es habitual. De hecho, se suele decir que los ambientes laborales netamente femeninos suelen ser más pesados que los espacios de trabajo donde predominan los hombres.

El feminismo actual ha buscado que entre mujeres el chisme, la crítica y la traición le abran paso a un nuevo refugio entre congéneres para el apoyo mutuo. Este propósito ha fomentado la creación de diversas colectivas y grupo sociales que están trabajando arduamente por el posicionamiento de los derechos de las mujeres y por impulsar conquistas sociales y culturales que favorezcan a las niñas, las mujeres y la comunidad LGTBIQ.

Unión en la diversidad

Ahora bien, las mujeres no quieren exactamente lo mismo. Si bien el feminismo mundial apunta hacia la equidad y la igualdad, no todas las causas representan los intereses de la mayoría.

Por razones sociales, culturales, éticas y/o religiosas, existen mujeres que no están interesadas en apoyar algunas  banderas del feminismo. Por ejemplo, las cristianas y musulmanas en general no apoyan el matrimonio homosexual ni el aborto. En las comunidades populares, las féminas lideresas en los barrios sostienen como un logro social que las mujeres pueden desarrollar familias con la figura del padre, más allá del empoderamiento profesional de la mujer.

En esos casos, ¿Cuál es el protocolo a seguir? Se ha visto con frecuencia que dentro de los mismos grupos feministas existan ataques de mujeres hacia ellas mismas por el simple hecho de no apoyar alguna de sus causas o por simplemente no considerarse feministas. ¿Debe ser entonces la solidaridad femenina exclusiva entre feministas?

La alternativa que se propone para que prevalezca la hermandad femenina reside en el respeto a las diferencias. Que no todas las voces de las mujeres apunten a un mismo fin es una señal que invita a que se escuchen todos los puntos de vista y se alcancen logros que favorezcan a todas en lugar de imponer puntos de vista y satanizar a quien no las apoye con la excusa de que se trata de “mujeres machistas”. Solo así podrá hablarse de que se ha desarrollado una verdadera sororidad en la práctica, más allá de postulados teóricos de avanzada.

ÉPALE 423