ÉPALE273-ENTREVISTA

SE TRATA DE UNA DE LAS BANDAS POSTPUNK MÁS EMBLEMÁTICAS DE LA CIUDAD. AUNQUE EL FUNDAMENTALISMO ESPERA UNA HISTORIA DE SEXO, DROGA Y ROCK AND ROLL A ULTRANZA, LA AGRUPACIÓN REALMENTE NACIÓ DE UN ACTO DE AMOR

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO ⁄ FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

Para Sofía Insomnia, la banda postpunk caraqueña, abril también tiene un tono distintivo: es el mes del Antitour 2018, una agenda de conciertos que contempla toques vespertinos y uno que otro situado en la hora exacta del rock and roll, que es después de las 8 de la noche, cuando fluyen los excesos.

Sofía está integrada por Kara Febles en la voz y Moisés Flores en la guitarra, dueños de una estética inspirada en el discurso de la provocación y bajo la épica del rock gótico o dark (oscuro) de finales de los años 80, cuando campeaban en los escenarios internacionales bandas como Siouxsie and The Banshees, Bauhaus, Joy Division o The Cure; y por la escena criolla gente como Los Gusanos, El Enano de la Catedral y Seguridad Nacional.

Son, desde esa óptica, los herederos del descontento y la angustia existencial de varias generaciones sumergidas en la rebeldía, que confrontan a la sociedad normativa y grita, con furia eternamente juvenil, que hay otras formas de hacer, vivir, sentir.

Para muestra, un botón: su más reciente videoclip, Arde ciudad, despliega los sonidos más ásperos que se puedan extraer de las guitarras, mientras la banda y sus invitados de ocasión (Cangrejo, Víctor Morles, David Meire, etc.) se pasean, sin complejos, por los parajes más “tropicales” de la urbe del siglo XXI, por el caos automotriz de El Silencio y el derruido Nuevo Circo, enarbolando una bandera anarquista y ostentando una máscara de los Diablos de Yare, frente a la mirada horrorizada de las amas de casa y la risa nerviosa de algún motorizado que parecen no entender qué tienen que ver los sellos distintivos de la identidad nacional con una estrofa que fluye como mantra: Sonríe tu desgracia en mi carne / yo soy el horror que alumbra tu amargura.

A uno le cuesta creer que se enamoran. Pero sí, son sensibles y románticos, pues se quieren entre sí y a su manera aman la ciudad.

Son, además de pareja y padres de una niña, supervivientes de un estilo musical que tiende a perder espacios en la convulsa Caracas de 2018; exponentes de una manera de amar que, o nos sorprende porque no parece estar situada en los cánones establecidos, o nos defrauda porque no lleva la impronta del “malditismo” que tanta expectación morbosa provoca.

Sugestionado por los deseos más abyectos de sexo, droga y rock and roll, apuramos un primer encuentro que se frenó en seco: Kara no pudo llegar porque tenía que buscar a su hija al colegio.

“SI ALGO CARACTERIZA A NUESTRAS LETRAS ES EL ENCUENTRO CON ESE LADO OSCURO, NO PARA CLAVARNOS EL PUÑAL SINO MÁS BIEN PARA APUNTAR A LA CATARSIS, A LA SUBLIMACIÓN”

—¿DARK CARIBEÑO Y TROPICAL?

—(Moisés [M.]) Yo caí en cuenta de eso hace poco, que lo que a mí me gustaba no encajaba en el entorno ambiental para hacer lo que estéticamente quería hacer. Ahí empieza el divorcio de uno no con lo que te rodea, la naturaleza y la ciudad, sino con la percepción que el otro tiene de ti. Con respecto al video, yo creo que no se trata solo de la ciudad, que no es solo grandes construcciones, autopistas y concreto, sino que también la ciudad la hacemos los que estamos dentro de ella. En el caso del video, veo que la ciudad es totalmente distinta a las personas que la habitamos. Caracas es una parcialidad sobrenatural, con una belleza inconmensurable, con unos rincones misteriosos que nosotros, como transeúntes, no nos hemos dado a la tarea de descubrir.

—SI EN LOS 80 Y 90 ERA PROVOCADOR IMPONER LA ESTÉTICA PUNK, ¿CÓMO SERÁ AHORA?

—(Kara [K.]) Yo creo que era más difícil antes, porque el tema policial era muy fuerte, la siembra de drogas a los punk. Eso ha mermado, hoy se ve más respeto por el que viste distinto. Lo que no tenía tanto aire era la música hecha por independientes, a la que ahora uno puede acceder más por las redes.

—¿HAY UNA RESPUESTA EN EL AMOR?

—(K.) ¡Claro! Sofía Insomnia nace del romance. De hecho, surge una tarde de almuerzo en un restaurante italiano, donde decidimos el nombre, que significa conocimiento y sabiduría, que no duerme o siempre está despierto, para bien o para mal. El amor por transmutar la naturaleza inferior de la cual estamos conscientes. Parte de la hipocresía que vive la sociedad, y esa doble moral, es no reconocer sus propios errores, sus propias sombras, y ahí cabe la frase de Jung: “Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su propia oscuridad”. Si algo caracteriza a nuestras letras es el encuentro con ese lado oscuro, no para clavarnos el puñal sino más bien para apuntar a la catarsis, a la sublimación, que es lo contrario de lo que muchos pueden pensar.

—(M.) Nosotros, dentro de la banda, hemos tenido músicos de todas las tendencias políticas, religiosas y de lo que te puedas imaginar. Es un acto de amor incondicional: a mí no me importa lo que tú pienses, lo que tú seas, sino vamos a hacer arte, vamos a expresarnos.

Las caretas son parte de su puesta en escena y su planteamiento filosófico

Las caretas son parte de su puesta en escena y su planteamiento filosófico

—¿EN QUÉ FALLA EL AMOR?

—(K) Al encontrarnos con la música punk nos impacta, como adolescentes que estamos motivados por algo distinto: la poesía, la literatura, una música más introspectiva. En mi caso, yo empiezo a estudiar teatro; conjugo eso con los estudios de Comunicación Social y con los estudios esotéricos, porque siempre fui el lado extraño de mi salón de clases. Pero es una búsqueda personal. Siempre tuve la visión de hacer, a futuro, un proyecto musical que reflejara no solo mis vivencias naturales y sobrenaturales sino también la temática que yo había abordado en mis estudios de ciencias ocultas, todo eso contrastándolo con esa inconformidad que uno siente ante la hipocresía de las religiones y la doble moral de la sociedad. Uno siempre ha sido ese ente extraño que ha ido caminando por esta Caracas, pero muy a gusto de uno.

—¿ESTÁN ATRAVESADOS POR EL TEMA POLÍTICO?

—(K.) Tenemos nuestras posturas, como cualquier ciudadano del mundo, pero estamos en contra del maniqueísmo: nosotros somos los buenos, ustedes son los malos. Yo tengo familiares y amigos de un lado y del otro y los amo y aprecio igual, bajo ese concepto yo considero que debe funcionar la hermandad.

—¿HAY UN MOVIMIENTO DE ROCK VENEZOLANO?

—(K) Cada quien desde su individualidad, no lo siento como un movimiento unido. Los que profesan el metal tienen el respaldo de Paul Gillman y su festival, pero ahí no hay cabida para el postpunk. Están, más allá, los que hacen pop rock (más pop que rock) patrocinados, si se quiere, por la derecha; y nosotros, como una especie de entidad en el medio, tratando de contribuir a la historia del rock en Venezuela a través de nuestro programa de radio El otro rock, las charlas “El punk en Venezuela echa su cuento”, etc.

—(M.) No hay un movimiento de rock venezolano cohesionado, no hay una industria cultural que se haya preocupado por eso. En países como Brasil, Argentina y México hay una industria discográfica, artística que empuja todo un acervo contracultural y cultural de esos países. Sin embargo, nosotros vivimos en un eterno limbo, la eterna queja de que el rock venezolano no tiene apoyo. Llegó un momento en que yo tiré la toalla y empecé a hacerme partícipe de la naturaleza del rock: haz lo que te dé la gana, en el momento que te dé la gana y como te dé la gana.

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