ÉPALE 236 MIRADAS 4

EN EL MARCO DE UNA INTENSA OLA DE PROTESTAS ANTICHAVISTAS, EL USO DE NIÑOS EN MEDIO DEL CONFLICTO BÉLICO SE HA CONVERTIDO EN LA MÁS ALARMANTE ESTRATEGIA DE MANIPULACIÓN DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. TAL COMO OCURRE EN LA MÁS DOMÉSTICA DE LAS PELEAS, LOS MÁS AFECTADOS POR LAS ACCIONES DE LOS GRUPOS DE CHOQUE, QUE DESESTABILIZAN EL DÍA A DÍA DE LOS CARAQUEÑOS DESDE EL PASADO MES DE ABRIL, SON LOS NIÑOS

POR MALÚ RENGIFO @MALURENGIFO

 

EL CONFLICTO SIEMPRE TOCA AL NIÑO O NIÑA

Los niños, todos. O al menos los niños que no tuvieron la suerte de nacer en una familia-burbuja que los mantuviera inmersos en una realidad siempre favorable para ellos, siempre bajo las más cautelosas medidas de protección, siempre gozosa de inimaginables privilegios. Porque, en contraste, los niños de la clase trabajadora —aunque sus padres procuren mantenerlos a salvo de la violencia, aunque en su escuela se hagan esfuerzos por mantener el cronograma de clases intacto y aunque haya muchos niños a los que ni siquiera se les involucre a modo de juego en temas asociados a la polarización político-ideológica y a la lucha de clases que, sin duda, presenciamos— sí que se ven afectados por todo el caos inducido, las acciones de violencia y el rechazo por parte de otros niños igualitos a ellos, pero a quienes se les ha enseñado a odiar. Estos últimos, por cierto, también son víctimas.

Los niños que no pueden ir a la escuela porque para llegar tienen que atravesar una guarimba; los niños que son insultados en el aula por otros muchachitos cuyos padres les dijeron “los papás de tu amiguito son chavistas”; o los niños que se han tenido que esconder bajo los pupitres, temerosos de que las piedras que atraviesan las ventanas de la escuela les peguen en la cabeza; o los niños, como la hija de Orlando Figuera, que nunca más volverán a abrazar a su papá.

De todos estos niños víctimas de la violencia se pueden extraer ciertos casos particulares de menores de edad que, no dejando de ser víctimas, corren con una suerte incluso peor: la suerte de que su dolor le sea útil a los dueños de la guerra. Este es el caso de los niños que se montan las capuchas sin saber muy bien por qué, y corren con piernas flaquitas sin saber muy bien de quién huyen, y les pasan las piedras y las bombas molotov a los jóvenes mayores —cuya fuerza logra romper lo que los niños no pueden— sin saber muy bien por qué tienen que romper todo aquello.

ÉPALE 236 MIRADAS 2

Participación cuestionada

Y sufren los niños en situación de calle, recordados por los medios de comunicación solo como herramienta para atacar al Gobierno, agradecidos desde la inocencia porque les regalaron un parcito de zapatos y un desayuno a cambio de engrosar una protesta, sin saber que mañana serán vueltos a olvidar, sin saber lo baratos que salen, sin saber lo fácil que será enterrarlos o sin saber que cuando termine todo esto volverán al reducto de olvido, del que salieron con el único objetivo de servirle a una gente a la que no le importa la suerte de esas uñitas mugrosas y esos sueños vueltos pesadilla. Porque mientras estos niños, soldaditos al servicio de los odios, sienten la alegría de comerse alguna cosa en buen estado a cambio de poner la vida en riesgo, del otro lado de la pantalla, mirando con falsa misericordia, se encuentran los cachetes rozagantes de personas cuyos hijos, de la misma edad de aquellos, nunca se han acostado a dormir sin cenar.

PERO UNOS CASOS INDIGNAN Y OTROS NO

La diferenciación es injusta y descarada: en el marco de un período de acciones de violencia callejera, que supera los dos meses, numerosas escuelas públicas y otras instituciones de atención a menores de edad han sido asediadas, siendo los casos más sonados la quema —por segunda vez— de la sede del Ministerio del Poder Popular de la Vivienda y Hábitat, en cuyo interior funciona una guardería que ofrece cuidados a unos 45 niños, y el asedio al Hospital Materno Infantil de El Valle, que duró casi tres horas y que puso en riesgo la vida de más de 50 niños recién nacidos.

 

ÉPALE 236 MIRADAS 1

Casos verificados de niños elaborando bombas “molotov”

A excepción de la atención dedicada por los medios afectos al proceso revolucionario, no hubo medios de comunicación que hicieran de estos hechos noticia de última hora; como sí ocurrió, en cambio, con la muerte de Neomar Lander, joven de 17 años fallecido el pasado 7 de junio cuando el estallido de un artefacto explosivo, mal manipulado por él mismo durante una acción de protesta nada pacífica, hizo de aquel momento el último de su vida.

En tal estado de cosas, resulta llamativo observar que cerca de cien infantes no mayores de 6 años corrieron peligro de asfixia e incineramiento debido al asedio de los mismos grupos irregulares que ejecutaban sus acciones de protesta el último día de vida del joven Lander. Ambos casos fueron producto de decisiones tomadas por quien lidera los grupos de choque. Pero incluso sabiendo esto, sucede que, a criterio de algunos, la inocencia vulnerada de esos niños, que probablemente no estaban siquiera enterados del porqué de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, es irrelevante. ¿La razón?, lo que pueda sucederle a los hijos de los chavistas —o de los trabajadores de la administración pública, que no es lo mismo— no es material útil para sensibilizar a nadie que esté en contra del Gobierno bolivariano. Corren los tiempos de la gran manipulación informativa: no se trata de proteger la inocencia sino de poder sacarle provecho, viva o muerta, en contra del gobierno que se quiere derribar.

Y ESTE HECHO ES INCONSTITUCIONAL

Pero de eso no se acuerdan quienes dicen defender a capa y espada la Constitución vigente, de la cual hace algún tiempo renegaban. El Artículo 23 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dice, textualmente: “Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratificados por Venezuela, tienen jerarquía constitucional y prevalecen en el orden interno, en la medida en que contengan normas sobre su goce y ejercicio más favorables a las establecidas por esta Constitución y en las leyes de la República, y son de aplicación inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del Poder Público”. Tomando en cuenta que el Estado venezolano forma parte de la Convención Internacional de los Derechos del Niño y que el artículo 4 del Protocolo Facultativo de esta convención, relativo a la participación de niños y niñas en conflictos armados, indica que “los grupos armados distintos de las Fuerzas Armadas de un Estado no deben en ninguna circunstancia reclutar o utilizar en hostilidades a menores de 18 años”, estaríamos hablando de que las numerosas acciones de protesta organizadas por la derecha venezolana, donde han sido llamados a participar jóvenes menores de edad, son actos que violan el compromiso constitucional de velar por los derechos humanos de todos los niños, niñas y adolescentes del país. Además, existen pruebas de que se les ha suministrado y enseñado a manipular armamento y explosivos que, incluso, les han ocasionado la muerte.

 

ÉPALE 236 MIRADAS 3

La inocencia no puede ser irreverente

Por otra parte, la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes
(Lopnna) contempla la prohibición de facilitarles armas, municiones y explosivos, así como la sanción de carácter penal cuando se incluya a niños, niñas y adolescentes en grupos criminales donde se fomenten asociaciones constituidas para cometer delitos. Y asediar a otros ciudadanos es un delito. Y destruir camiones, y saquear establecimientos comerciales, y quemar autobuses son, definitivamente, demasiados delitos juntos para que se siga permitiendo el desarrollo de prácticas como estas.

El artículo 10 de la Ley Orgánica de Educación prohíbe la incitación al odio en todas las instituciones y centros educativos del país y los programas, mensajes, publicidad, propaganda que atenten contra los valores, la paz, las buenas costumbres, la salud, la convivencia humana y los derechos humanos. Si bien es cierto que contamos con una legislación desarrollada para proteger a nuestros jóvenes de la manipulación y evitar su uso en el conflicto armado, ¿podríamos decir que estamos siendo verdaderamente efectivos en la aplicación de tales leyes?

 

ÉPALE 236

Artículos Relacionados