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EL FESTIVAL DE MÚSICA POR EXCELENCIA DE LA CIUDAD PRESENTÓ UNA NOVEDOSA MODALIDAD COMUNITARIA QUE PERMITIÓ A NIÑOS, JÓVENES Y ADULTOS DE TODAS LAS PARROQUIAS DISFRUTAR, DE PRIMERA MANO, DE SUS ARTISTAS. LA EXPERIENCIA EN UNA ESCUELA DE FUERTE TIUNA DEMOSTRÓ QUE SE TRATA DE UNA APUESTA JUSTA Y DIVERTIDA

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

“Corre caballito”, el aguinaldo de Serenata Guayanesa, nunca antes había sonado tan estrepitoso y afinado a la vez, al ser interpretado por 1.800 gargantas y palmeado por 3.600 manos de los niños y niñas que cursan estudios en la Escuela Ecológica Bolivariana Simón Rodríguez de Fuerte Tiuna, a donde fue a parar el Suena Caracas Comunitario el martes pasado.

Ana Cecilia Loyo y José Delgado no lograban remontar con sus micrófonos el enjambre que se agitaba en el patio central de la escuela, pues aquello tenía la estridencia del último concierto de Los Beatles en el Candlestick Park de San Francisco, EEUU, donde la multitud no les dejó ni escuchar sus pensamientos a los famosos cuatro de Liverpool.

Sentados en fila india, o asomados desde el enrejado de los dos pisos superiores, los niños, fiscalizados férreamente por sus maestras, coreaban, sonreían, se golpeaban y completaban con twerking ellas y con el swish swish ellos cuando a Loyo y Delgado se les ocurrió preguntar: “¿Aquí quién se sabe ‘Fuego al cañón?’. “Yoooooooooooooooooooooooooooooooooo”, fue el grito al unísono que retumbó sobre los cuatro puntos cardinales y que, muy probablemente, alarmó a los comandos castrenses en las alcabalas de acceso que a esa hora, 11 de la mañana, están atentos a cualquier incidencia sospechosa en el inmenso recinto militar donde, además, se ubican varias edificaciones de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

“Es que los niños están desayunaditos”, se le escuchó a duras penas a la profe Gaudy Rivero, maestra de primer grado, quien recordó que en su mayoría son hijos de los residentes de los alrededores, urbanismos que pueden tener cualquier nombre oficial de un prócer de la patria pero que todo el mundo identifica como “los rusos”, “los bielorrusos”, “los chinos” y “transición”, donde habitan miles de obreros que, en otras circunstancias, difícilmente habrían podido asistir con su muchachada a una presentación en vivo de los más afamados músicos de la capital del país.

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LA AGENDA INCLUYENTE

La actividad formó parte de la primera fase del Festival Suena Caracas 2018, con un componente marcadamente popular que se desplegó del 1º al 15 de noviembre en 59 urbanismos, 46 escuelas, 32 liceos y tres espacios centrales de las parroquias caraqueñas, donde presentaron conciertos, talleres y conversatorios que pudieron disfrutar más de 3.000 chamos de la ciudad.

Córrela, córrela, córrela… córrela pa’llá, empezó a cantar José mientras charrasqueaba su guitarra, cuando esos muchachos se alebrestaron más, bien porque ya estaban eléctricos y no creían ni en autoridad ni en sosiego, o bien porque ya empezaba a oler a guiso de carne —incluso a hallaca— desde el inmenso comedor al fondo, donde la hora del almuerzo se respeta a rajatabla.

Jonathan Carrizo, profesor de Educación Física, pretendió internarse por un pasillo largo de carajitos camisa blanca que rebotaban exaltados, para encontrarse, finalmente, desbordado por los llamados de cordura cuando los músicos empezaron a anunciar la retirada: Nosotros nos vamos, y el año que viene por aquí pasamos… y, fuego al cañón, fuego al cañón…

“Oooootra, ooootra, ooootra”, rugieron los muchachitos con una fuerza expansiva que seguro retumbó en Petare, hasta que dio chance a escuchar los primeros acordes de “El papagayo”, también de Serenata Guayanesa, que no fue muy bien recibida por los pequeños porque, quizás, le faltaba el tono elevado que reclamaban ya las multitudes enardecidas.

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La Escuela Ecológica Bolivariana Simón Rodríguez es una imponente estructura que se complementa, a pocos metros, con el liceo, sus canchas, áreas verdes, comedores, estacionamientos, salones inmensos y pupitres impecables, que denotan un delicado interés por mantener el alto nivel de la educación básica bolivariana. Los estudiantes cursan estudios de 7:30 am a 3:30 pm y reciben desayuno y almuerzo, lo que evidentemente los potencia para expresar a viva voz las artes en cualquiera de sus manifestaciones. Ana Cecilia Loyo desconocía ese dato cuando, en un arrojo de valentía, les propuso a los niños: “Ahora, canten ustedes”… ¡esa vaina casi se viene abajo!

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