POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

ÉPALE 236 BOLEROS

Así comienza “Desvelo de amor” del puertorriqueño Rafael Hernández, que era otro bolero de las confusiones que surgían en las tenidas de Soto y Riera, porque para ellos se llamaba como canta el titular y ya no sé, ni se sabrá nunca, si era por travesura de viejos jodedores y/o confusiones naturales de la edad. El caso es que, hablando de confusiones, juraba que era de Agustín Lara. Es un tema desgarrador para quienes pierden un amor y solo queda el vano consuelo de decirle: Sufro mucho tu ausencia, no te lo niego / yo no puedo vivir si a mi lado no estás. / Dicen que soy cobarde / que tengo miedo de perder tu cariño, de tus besos perder... ¡Ayayayáy, mátame guayabo que el amor no pudo! Jajajá.

Sin embargo, como el bolero da para todo, a Celia Cruz y a Pedro Knight les sirvió para reafirmar su amor. Cuenta Omer Pardillo, quien fue por 15 años representante de Celia y testigo de su relación, que “Desvelo de amor” fue la primera canción que la enamorada pareja se cantó mientras paseaban en un carruaje tirado por caballo por las calles de Nueva York, luego de la estadía del trompetista en México. Pedro siempre estaba en el escenario por la química que tenía con Celia. Sabía si era necesario alargar una canción o si la cortaba. Al mirarse se entendían, aunque estuviera Tito Puente o Johnny Pacheco dirigiendo. Prueba de eso es el video que podemos ver en Youtube, donde lo cantan a dúo y hacen referencias a aquel paseo por Central Park.

En su artículo “Agustín Lara en blanco y negro”, Luis Rafael Sánchez  explicaba que por no ser bolerólogo, musicólogo o historiador de cuitas amorosas se le imposibilitaba jerarquizar las composiciones del Flaco de Oro… y lo mismo hacía con Rafael Hernández. ¿Quién osará afirmar que el diseño del bolero “Desvelo de amor” supera el de “Ya no me quieras tanto”? “Desvelo de amor” recuenta un amor que se afinca en la piel del alma.

Yo comprendo que es mucho lo que te quiero, no puedo remediarlo, ¡qué voy a hacer! / Te juro que dormir casi no puedo / mi vida es un martirio sin cesar / mirando tu retrato me consuelo / vuelvo a dormir y vuelvo a despertar. / Dejo el lecho y me asomo a la ventana / contemplo de la noche el esplendor. / Me sorprende la luz de la mañana / en mi loco desvelo por tu amor. ¡Ayayayáy!

 

ÉPALE 236

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