Supremacía negra que compran los blancos

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Daniel Pérez

¿Hay racismo en el ámbito del trote y las carreras de fondo?

Comencemos con un autoexamen. Sea cual sea tu legado étnico, si ya eres trotador, recuerda una escena como la siguiente (si aún no lo eres, imagínala): vas trotando por un tramo solitario del parque Francisco de Miranda (del Este). Ves que se te aproxima un trotador de piel clara. Unos minutos más tarde observas que viene acercándose uno de piel oscura. Te pregunto: ¿tuviste percepciones diferentes acerca de las intenciones más allá del ejercicio de esas dos personas? En la respuesta a esta pregunta puede estar implícita la contestación a otra: ¿eres racista?

No es algo específico del trote, sino parte de una programación mental que es, desdichadamente, generalizada, fruto de siglos de colonización, eurocentrismo y endorracismo; también de un aparato cultural, mediático y publicitario raigalmente segregacionista. Es decir, que eso que te pasó durante el trote, de seguro también te pasa en la calle, en el Metro y en cualquier parte.

Dejemos ese peliagudo tema para la meditación o el debate y analicemos cómo el racismo se expresa de manera peculiar en las carreras de fondo, a escala global. La supremacía aplastante de la raza negra que existe en este deporte conduce, paradójicamente, a formas refinadas de discriminación y desigualdad.

Los países del Norte hegemónico les imponen a los del Sur empobrecido inhumanas restricciones migratorias. Pero, tal como hacen con las otras riquezas naturales, les roban los atletas. A los potenciales ases se los disputan a punta de billete para nacionalizarlos y que ganen medallas con su bandera y no con la de sus países de origen. Así, vemos como la blanca Gran Bretaña es campeona olímpica vigente de 10.000 metros planos gracias al somalí Mo Farah, quien derrotó en esa prueba al flamante representante de Estados Unidos, Paul Chelimo, nacido en Kenia.

Este saqueo del talento africano (que florece silvestre en Etiopía, Eritrea y Tanzania, en el Este; y en Marruecos, al Norte) podría ganarse la medalla de oro en las nuevas formas de racismo.

ÉPALE 362