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COMO EN MUCHOS SECTORES CAPITALINOS, DESDE HACE 72 AÑOS LA FAMILIA PIÑANGO HERNÁNDEZ PROFESA UNA DEVOCIÓN QUE INVITA A CELEBRAR LA ÉPOCA DECEMBRINA, DESDE SUS VALORES ORIGINALES, A TRAVÉS DEL CANTO

POR NATCHAIEVING MÉNDEZ  ⁄  FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

La capilla está abierta de noche y de día
Rezaremos todos tres Avemaría.

Antes de comenzar este artículo decidí encomendarme a la Sagrada Familia: Jesús, María y José. No podía ser de otra manera si hay que hablar de la familia Piñango Hernández, su conjunto de aguinaldos y parrandas —llamado América— y, especialmente, de María Nicomedes Miranda de Hernández, compositora del célebre aguinaldo “La capilla está abierta” y promotora de esta tradición que cuenta con 72 años. Definitivamente, hay que acercarse a la devoción que la diferencia de otras familias caraqueñas.

Silvia Piñango, actual directora de la agrupación familiar y nieta de la señora Nicomedes, describe con orgullo el gran fervor que su abuela le tenía a la invocación de Jesús, María y José, fe que era profesada en la década de los 40 por la Iluminada de Sarría, una señora llamada Dolores, de quien se decía escuchaba la voz de Jesús y que, siguiendo el mandato divino, construyó una capilla que estuviese abierta de noche y de día para que las personas rezaran.

La mayor petición de doña María Nicomedes, recuerda su nieta, siempre fue que librara de todo peligro a sus dos hijos, especialmente a Hilario, quien era músico y algo parrandero. De tanto pedir a la Santa Familia que le diera una prueba de que sus hijos tenían la protección divina, un día Hilario fue a tocar el tres en una fiesta que se realizó en una casa ubicada en un sector lujoso de Caracas. La dueña del lugar se acercó al joven músico y, de manera insinuante, le ofreció ir a su cuarto, solicitud que el caraqueño aceptó sin saber los peligros que le esperaban.

“Terminaron el set y se fue (Hilario) a la terraza a buscar a la mujer. En el lugar se le apareció un hombre vestido de gris, muy elegante y le dijo así: ‘Mira, negro, no vayas pa donde te está indicando esa mujer’”.

Tales palabras sobresaltaron al joven músico, quien se sintió en el aire luego de que el misterioso señor le tocara el hombro. “Le dijo —el extraño—: ‘No vayas porque esa es la mujer de un militar y te puedes meter en un problema. Si te encuentra ahí adentro te va a matar, te va a volver picadillo. ¡Júrame que no vas a ir!’, y a él —Hilario— no le quedó otra cosa que sacar la estampita de Jesús, María y José y jurar”.

Dicho esto el extraño le dijo: “Estás jurando por lo más grande”, y con la misma que llegó, desapareció.

Cuando Hilario le contó lo ocurrido a su madre, María Nicomedes se arrodilló y exclamó: “¡Gracias Jesús, María y José, que cuidan a mis hijos!… Y ahora te sales de ese conjunto y vamos a hacer un conjunto de aguinaldos, yo voy a hacer unos aguinaldos”, dijo a su hijo la doña. De esta manera, en honor a este milagro, la señora compuso el popular aguinaldo que ha sido interpretado y grabado por muchas agrupaciones conocidas, y que es uno de los más emblemáticos de las Navidades caraqueñas, en la que los grupos de parranda y aguinaldo recuerdan el nacimiento del Santo Niño Jesús, así como las tradiciones y valores decembrinos de la capital que permanecen en el tiempo, pese al agresivo proceso de transculturización.

La señora María Nicomedes vivió gran parte de su vida en San José del Ávila, lugar en el que sus predecesores asumen como un deber inquebrantable la promesa de ir el 24 de diciembre a la Capilla de Jesús, María y José, en Sarría, para cantar sus aguinaldos.

“Sin saber que sus hijos y nietos iban a ser músicos y compositores, mi abuelita compuso sus canciones”, refiere la otra nieta de la señora María Nicomedes, Argelia Hernández (hija de Hilario), quien refirió que pese a que su abuela era analfabeta compuso cerca de 350 aguinaldos.

Desde el 15 de septiembre la familia Piñango Hernández se reúne todos los domingos en San José del Ávila para ensayar sus nuevas canciones y los aguinaldos que dejó doña María Nicomedes. Los parranderos, desde Santiago (tataranieto de la compositora), Mayling y María Alexandra Piñango (bisnietas) y el resto de la familia, toman el cuatro, el furro, la tambora y el tres para mantener esta tradición, que les recuerda la verdadera esencia de la Navidad y que trasciende los regalos materiales.

El conjunto América nunca ha podido grabar sus canciones y es algo que no les quita el sueño.

Consideran que su práctica va más allá de las intenciones lucrativas, pues es un mandato que doña María Nicomedes les dejó y que ellos cumplen y cumplirán hasta que Jesús, María y José lo decidan.

Una esencia patrimonial caraqueña que la señora Silvia, ahora desde su consejo comunal, inculca a los muchachos del sector. Un swing navideño que perdurará mientras existan almas nobles de buena voluntad que tributen a la alegría y al amor. ¡Más na! ¡Feliz Navidad! y —por supuesto, como dice Ángel Méndez, con su abrazo, desde la eternidad— ¡Saravá!

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