Swing Latino / El “Chino” Mora retumba en los cueros la sabiduría de sus ancestros

Cuando Swing Latino conoció a Douglas Mora Yarce, conocido como El “Chino” Mora, él era un carajito. Corría finales de la década de los 70 y la primera revista salsera en español comenzaba sus andanzas, al igual que este percusionista cuya trayectoria es reconocida por haber formado parte de grandes agrupaciones venezolanas, quien ha deleitado al público con el contagioso e indispensable sabor rítmico afrocaribeño que la buena salsa exige.
Una foto tomada por Ángel Méndez, en 1978-1979, es testigo de este primer encuentro con Mora, quien en aquel momento sólo contaba con 13 o 14 años de edad y ya destacaba por su manera de tocar el bongó y el timbal. Así sería la energía con la que el carricito tocaba los cueros, que cuando Orlando Watussi llegó a Venezuela en 1982, proveniente de Nueva York, invitó al adolescente a formar parte de la orquesta que ensambló en el país para presentar su producción Ustedes, mi rumba y yo.
Su historia, difícilmente, puede ser de otra manera: Mora lleva el ritmo en sus genes, pues la música es la savia de su árbol genealógico. Para muestra un botón: su bisabuelo, Ramón Yarce Piar, fue músico sinfónico y pasó la batuta a su hijo Cruz Ramón Yarce (abuelo materno de El Chino), quien fue chelista, contrabajista, pionero fundador de la Banda Marcial Caracas y contrabajista del cuarteto Caraquista… ¡ña pelusa!, diría el viejo Méndez.
Junto a sus diez hermanos, el menor de los Mora Yarce creció rodeado de instrumentos musicales y las melodías de las voces de su madre, Carmen Luisa Yarce (Mamá Luisa), quien en su juventud fue corista del conjunto América, renombrada agrupación de aguinaldos; y la de su padre, José Siliberto Mora, que aparte de locutor cantaba tangos. En su familia “el que menos toca, toca el cuatro, puntea por aquí, hace coros. Aquí no hay caucho liso”, refiere El Chino.
Por eso no es difícil imaginar cómo era el ambiente de los Yarce Mora, en el que, asegura El Chino, no faltaban las canciones de la Orquesta Aragón, Sonora Matancera, Gran Combo, Joe Cuba, los célebres danzones y los tangos.
Aunque la flauta siempre le llamó la atención el sonido del tambor pudo más, lo que permitió estrechar el vínculo con la madre tierra africana, conexión muy arraigada en este músico en sus creencias y percepción de la vida. Desde el típico juego infantil con ollas y tobos, hasta estudios en la Escuela de Música José Ángel Lamas, se fue afinando el oído de este caraqueño que toca diversos instrumentos de percusión. Sin embargo, para El Chino la enseñanza más importante la ha recibido en la universidad de la vida y de quien considera su gran maestro: su hermano William Mora, quien le enseñó gran parte de lo que sabe.
Cuando El “Chino” Mora comenzó en el tren de la música solo tenía 10 años, y lo hizo tocando timbal en una orquesta de la localidad caraqueña de San José —donde aún permanece— que se llamó Sexteto Jhonny, aunque eran 12 integrantes quienes lo conformaban.
Siguió sus primeros pasos en el grupo Yambú y Corporación Latina. Luego, en el conjunto Fa Menor compartió con Luisito Quintero, Juan Pulido, Rodrigo Romero, entre otros. Su rítmica siguió sonando en el Conjunto Clásico La Playa, en el reconocido grupo Mango, Conjunto Ropaja, Cadáver Exquisito, Orquesta Estandarte (en la que compartió con Édgar Dolor Quijada), La Sigilosa, Sonrisa, Salsabor de Venezuela, Coco y su sabor Matancero; seguramente se me escapan otras agrupaciones que han tenido el privilegio de contar con el talento de este caraqueño, que ha hecho de la música una filosofía de vida.
“Cuando estoy frente al instrumento lo primero que percibo es que hay que quererlo y apreciarlo más, estudiarlo todo el tiempo, porque eso es lo que nos llena de alegría. Como músico, siempre me gusta transmitir la parte positiva todo el tiempo, pase lo que pase. Comprometido con el público, sea de gratis o por entrada, quedarle bien a quien te va a ver. Siempre que me paro frente al instrumento le pido a Dios y a los santos que toda la orquesta salga bien”, recalca el percusionista.
Mora tiene muchos proyectos en el horno, algunos junto al músico Tomás Fajardo, los cuales espera critalizar el año próximo. “El tambor y para el tambor es todo, es parte de mi vida y seguirá siendo porque eso fue lo que yo escogí”, enfatiza El Chino, quien destaca por su sencillez, profesionalismo y sabiduría musical con la que siempre busca sorprender y deleitar a quienes disfrutan de su talento. Está pendiente el café a ritmo del tambor, ¡más na!… ¡Saravá!.

Por Natchaieving Méndez  ⁄  Fotografías Jesús Castillo