ÉPALE293-JOSÉ ANTONIO FARIÑAS

GRADUADO DE CLARINETISTA SURGIÓ SU PASIÓN POR EL SAXOFÓN

POR ÁNGEL MÉNDEZ • @SWING_LATINO

José Antonio (Fariñas Gutiérrez) es “marciano”. Nació el 7 de marzo de 1966; hace dos años cruzó la línea del “medio cupón” y cuenta más de 30 tickets en el mundo de la música, siempre en el saxo y aprendiendo todo lo que puede.

“La vida es un eterno aprendizaje y yo no pienso quedarme en la era de Trucutrú. Soy clarinetista, en primera instancia; y, más tarde, saxofonista. Pero ahora ando en una de aprenderme los secretos del piano, de los arreglos, de todo eso. Tengo buenos maestros como lo son Alberto Crespo y Alfredito Naranjo. Voy bien, puedo jactarme de ser un alumno disciplinado. Yo me tomo muy en serio mi profesión”.

—¿Cuando decidiste abrazar la música, el saxofón…?

—Eso era de “anteojitos”. Me crié en el 23 de Enero, una parroquia musical, donde la rumba se forma en cada esquina, allí lo que se oye es salsa brava. Comencé, como todos, tocando percusión y siempre con Los Pacheco, con toda esa gente… Luego me fui, a los 18 años, a la Escuela de Música del Ejército en La Victoria, como curso número uno. Allí me gradué de clarinetista.

—¿Y la pasión por el saxo?

—Eso fue como cuatro o cinco años después de graduado. Ingresé a la banda militar y comencé a estudiar por mi cuenta, bajo la tutela del maestro Benjamín Brea, Moncho y… un gringo que vivía aquí en Venezuela, creo que se llamaba King Caravel, o algo así. Bueno, lo importante es que de ese señor aprendí una muy buena técnica para aplicarla al saxofón; luego se fue a su país, a los Estados Unidos.

UN SALSERO PORTUGUÉS

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… y eso ocurrió con el papá de José Antonio, uno de esos rudos portugueses que se vinieron a Venezuela para ayudarla en su progreso. El padre de José se ubicó con su familia en el 23 de Enero, en las postrimerías del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Ese gran barrio creció verticalmente con el tumbao de La Sonora Matancera, Bobby Capó, La Lupe, etc. La música le fascinó y fueron muchos los discos que se llevó para su casa; por eso los cuatro vástagos crecieron escuchando música y, a finales de año, aguinaldos: los preferidos de los tíos.

“De mis hermanos, el único que salió músico fui yo. Profesionalmente comencé hace unos 30 años. Fue en un local donde tocaba un grupo comandado por Nelson Vidal, quien además era el cantante. Él ahora es jefe de mesoneros en un lujoso hotel de Chuao. Con él estuve largo tiempo hasta que entré en la orquesta de Mauricio Silva y Manuel Guerra. Cuando se separaron yo me quedé con Mauricio.

—Por lo visto, todos los saxofonistas tocan clarinete o han comenzado con ese instrumento…

—Lo que pasa es que el clarinete es la base del saxofón. Para dominarlo bien hay que estudiar clarinete. Son raros los colegas saxofonistas que no han comenzado con el clarinete; si no fue así, pues lo aprenden luego. Ya te digo, es la base.

ENTRE EL JAZZ Y LA SALSA

Fuera del saxo, José Antonio deja en claro que sigue estudiando. Allí están Crespo y Alfredito Naranjo, el hombre del “Guajeo”, de quien se aprende mucha teoría para aplicarla a los arreglos.

—¿Proyectos?

—Estamos barajando las notas para diversificar un proyecto de jazz latino y salsa dura. Allí participamos Alberto Crespo, Carlitos Padrón, el director timbalero de Rumberos del Callejón y yo… Ah, se me olvidaba decirte que también trabajo con Rumberos del Callejón. Recientemente grabamos con Tito Nieves y Gilberto Santa Rosa. Eso está de primera fila y ya está en la calle.

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