Tango “Gricel” (Y III)

Por Humberto Márquez / Ilustración Julietnys Rodríguez

Ustedes me van a perdonar, pero esta historia de amor me atrapó gracias a Manuel Adet, de la web El Litoral, y la misma calza todos los puntos para una serie de Netflix. “De todos modos, las dificultades persistieron. Contursi era encantador, brillante, pero era casado…”.

Sin embargo acotando al cronista, habría que decir que la historia del tango no se ajusta exactamente a la realidad. “Dice Contursi: Tu ilusión fue de cristal, se rompió cuando partí, pues nunca, nunca más volví. ¡Qué amarga fue tu pena!… En la vida real todo fue más o menos complicado, pero no igual. Contursi volvió y volvió, pero nunca pudo dejar a su primera mujer”. No quisiera especular, pero pudiera ser que el cronista no advierte que, de ser eso cierto, que no pudo dejar a su esposa Alina Zárate, no se habría ido solo a la sierra cordobesa a temperar sus dolencias intestinales, ¡y mucho menos que Alina lo habría dejado ir solo! ¿Será verdad que la costumbre es más fuerte que el amor? ¡Se han dado casos!

Entre aquellos ires y venires de aquel hermoso amor, del viejo bardo y la bella muchacha, las cartas de amor iban y venían hasta que Gricel puso el drama de lado y no hubo concurso de belleza que no ganara. “Comenzó a frecuentar los bailes del hotel Victoria, donde se disputaban el privilegio de bailar con ella. Hasta que un día, en la clásica Confitería del Plata, de Córdoba, conoció a Jorge Camba, se casó y tuvieron una hija pero por puto, también, todo se derrumbó.

Y como nunca falta un celestino en toda historia de amor, un día llegó el bandoneonista cordobés Ciriaco Ortiz con la noticia de que Contursi había enviudado y estaba perdido en el alcohol en la confitería El Molino. Y allá lo fue a buscar Gricel para decirle: “Nos volvemos a Córdoba, pero el güisqui se queda en Buenos Aires”. Ya era un poco tarde: se casaron en 1967 y él murió el 11 de mayo de 1972, a los 61 años.

De las versiones que encantan: la de Roberto El Polaco Goyeneche, las del Pichuco Anibal Troilo y la de los roqueros Spinetta y Fito Paez.

ÉPALE 356